DE REOJO

Subasta

Valor y precio. Los confundimos, por lo tanto somos necios. Hay varios canales dedicados a las subastas de los contenidos de los almacenes particulares, una suerte de camarotes. Son un clásico televisivo. Se emiten programas en los que se hacen las pujas de manera individual o por parejas. Es todo un montaje televisivo que parte de una realidad, y que nos da pistas de cómo está contaminada toda la percepción de la vida, del valor de las cosas y del precio que pagamos por ello, de lo que uno ofrece al comprar y lo que espera obtener al revés. Son los fundamentos del comercio pero llevados a puntos extremos.

Que en una subasta judicial un grupo inversor chino ofrezca diez mil euros y se haga con el aeropuerto de Ciudad Real es una noticia que se toma como anecdótica, pero que probablemente sea bastante significativa. En primer lugar porque ese aeropuerto costó más de cuatrocientos cincuenta millones de euros, porque se llevó por delante dos cajas de ahorros que tuvimos que rescatar entre todos, porque es el aeropuerto fantasma de los socialistas manchegos. Cuesta entender que no se ponga un precio de salida más o menos coherente con lo que dicen vale ahora, alrededor de cuarenta millones sin límite a la baja. Y al final porque se trata de inversores chinos.

Los fondos buitres chinos, junto a otros de otras nacionalidades, van comprando gangas inmobiliarias, financieras, clubes de fútbol por el mundo entero. Se están comprando a bajo precio aquello que ha fracasado aparentemente. Después lo reflotan y lo vuelven a poner en el mercado a un precio superior. En este caso, se habla de la existencia de un plan chino para convertir ese aeropuerto en su centro logístico de recepción y distribución de mercancías para el sur de Europa. Por diez mil euros más los gastos.