Pablo. CABEZA
BILBO

La editorial Txalaparta reedita «Salsa. Esa irreverente alegría»

El escritor Hernando Calvo Ospina en un especialista en salsa nacido en Colombia en 1961. Desde niño siente afición por los ritmos calientes y con 17 años gana su primer gran concurso de baile. Desde entonces combina su afición musical con su actividad política.

Para algunos salsa es un término demasiado generalista que no identifica los diferentes ritmos deudores del término. Para otros, salsa explica un concepto y no desestima la otra realidad, la de los nombres con su diversidad estilística. No obstante, y frente a la singularidad, el libro que ahora reedita Txalaparta, “Salsa. Esa irreverente alegría” no engaña, pues se refiere justamente a lo que universalmente se conoce como salsa y de forma justificada, cuestión al margen es que el ciudadano llame salsa a cualquier ritmo caribeño o incluso latino.

Hernando Calvo Espina escribe: «Existe un acuerdo entre los estudiosos del tema: la palabra salsa es un término comercial. Cuando la compañía Fania . se propone expandir a nivel de gran industria lo que sus músicos producían e iban a producir, necesitaba obligatoriamente de un término definido y efectivo que permitiera la identificación inmediata del producto. Esto es simplemente ley de mercado y la publicidad. Ante esta necesidad comercial existían dentro del argot afrocubano o afrocaribeño, varios términos que han estado relacionados a la diversidad colectiva de nuestros pueblos, como sinónimo de plenitud emocional y rítmica: bembé, sabor, azúcar, fuego, etc.».

Los términos, las etiquetas, han estado presentes a lo largo de toda la historia de la música, sea esta comercial o la más underground/extrema posible. Nada se escapa a una palabra que pueda orientar sobre lo que se escucha y a que “tribu” pertenece. El problema es cuando se pervierte la etiqueta y en el mismo tramo los espabilados de turno colocan lo que no deben. En cualquier caso, Calvo Ospina sitúa oda la historia en su justa medida y demuestra que delimita que existe la salsa y que incluso la idea viene de muy lejos. La marca de un determinado sonido pudo ser otra, pero fue salsa y, además, coherente. «El término ha estado tan presente en toda la historia musical del Caribe, que algunos investigadores afirman que los mismos esclavos la empezaron a utilizar durante sus limitadas celebraciones en los barracones. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que en esta parte del mundo el baile siempre ha estado relacionado con la comunicación entre sus practicantes, y la posibilidad de degustar platos enriquecidos con salsas de diferente naturaleza. Por ello –continúa– cuando don Ignacio Piñeiro en 1928 hacia uso de la palabra en el son “Échale salsa”, recuperaba una expresión que se acogía al júbilo que produce encontrar una serie de instrumentos armoniosamente tocados y mezclados. Hablamos de una salsa instrumental excitante y exótica, que puede ayudar a digerir las duras jornadas del diario vivir».

El libro continúa con razonamientos sobre el término salsa y cómo diferentes artistas la van utilizando en determinadas canciones, sin obviar el peso de Fania Records un sello discográfico fundado en la ciudad de Nueva York por el productor, promotor, y empresario estadounidense, Jerry Masucci.

La música cubana, su son, los grandes nombres como Tito Puente, Rubén Blades, Willie Colón, Nueva York, el Bronx. la relación entre el jazz y el barrio, las big band, la sala y el bloqueo a Cuba..., son protagonistas de un destacado libro que no olvida lo social ni lo político.