Mikel ZUBIMENDI
DONOSTIA

El viejo «socialista» que sueña con ser un «nuevo Obama»

Las primarias demócratas tienen un nuevo animador: Bernie Sanders, un veterano político «socialista» de 73 años que promete convertirse en la «pesadilla de Hillary Clinton» y, con palabras e ideas del movimiento Occupy Wall Street, pretende repetir la hazaña de Obama de 2008.

gara-2015-08-24-Noticia

La carrera por la nominación del candidato demócrata tiene un aspirante que empieza a asombrar y a preocupar a propios y extraños. Sus mítines son cinco veces más concurridos que los de la archifavorita Hillary Clinton. Bernard “Bernie” Sanders, un «viejo rockero» de 73 años, nacido en Brooklyn y senador independiente por el pequeño y progresista estado de Vermont, ha sacudido la campaña y generado un movimiento popular de apoyo que desafía ya al establishment demócrata y a su candidata, toda un «halcón» neoliberal con poderosos lobbies y donantes a su servicio.

Sanders se declara «socialista» y su mensaje gira en torno a la injusticia económica, el apoyo a la clase trabajadora y, en una maniobra calculada, la asunción de la idea del movimiento Occupy Wall Street del «1%», «la lucha contra esa clase multimillonaria que se ha apropiado del país». No faltan quienes ven en el «fenómeno Bernie» la posibilidad de repetir un nuevo «fenómeno Obama», es decir, de hacer de un candidato en teoría marginal y sin opciones el candidato a presidente de la gente, de la esperanza, del cambio. Aunque Obama lo consiguió frente a Hillary, está por ver si Sanders aguanta hasta el final o si no pasará de abril de 2016, cuando se conocerá el resultado, que podría causar una desilusión colectiva como en 1983 provocara la derrota del activista por los derechos civiles y pastor bautista Jesse Jackson.

«Socialismo nórdico»

En EEUU la paranoia está extendida en la política. La exageración, las suspicacias y las fantasías conspirativas forman parte de su cultura política. La palabra «socialismo» es uno de los villanos preferidos: se equipara con Stalin, se piensa que fabrica vagos en masa a escala industrial y crea un Estado con ciudadanos dependientes.

Sanders, sin embargo, defiende el modelo nórdico europeo: salud y educación universal, subsidios para los parados y un sistema de pensiones público a pagar mediante un estricto sistema fiscal progresivo. La gente que vive en esa paranoia no atenderá su visión de un «modelo socialista», pero nuevas audiencias, multitud de gente joven, son receptivas y viven con naturalidad lo que en EEUU parecía imposible: que la maldita y tóxica palabra «socialismo» entre en el «mainstream».

No es fácil ser ideológicamente puro y políticamente exitoso. No le va a resultar sencillo conseguir, como hizo Obama, que Hillary Clinton sea vista como una reliquia del pasado y hacer ver que él representa el futuro. Pero tiene ventajas competitivas: para multitud de gente en el «ala izquierda» de los demócratas, Sanders representa la apuesta del «cualquiera menos Hillary». Buscaban desesperadamente una alternativa y parecen haberla encontrado.

Sanders promete convertirse en la «pesadilla de Hillary» y repetir la hazaña de Obama en 2008. Quizá lo no consiga, pero ya es el gran animador entre los demócratas.