El Gobierno libanés decide instalar un vertedero en el empobrecido norte
El Gobierno libanés decidió ayer, a modo de medida provisional, instalar un vertedero en la región de Akkar, tras reunirse después de días de protestas por la crisis de las basuras que vive el país desde el 17 de julio. Hizbulah y sus aliados cristianos abandonaron la reunión.

El partido chií Hizbulah y sus aliados cristianos abandonaron ayer la reunión de urgencia del Gobierno libanés en protesta por la solución propuesta frente a la crisis de las basuras, que ha generado una ola de manifestaciones violentas en Beirut.
El Ejecutivo de unidad nacional que lidera el primer ministro, Tammam Salam, ha cancelado un concurso para elegir a las nuevas empresas de recogida de basura, poniendo de manifiesto las dificultades a las que se enfrenta para superar la crisis, que ya ha generado llamamientos populares a que dimita.
El enfado público por la falta de recogida de basuras degeneró en violencia durante el fin de semana, con decenas de manifestantes y miembros de las fuerzas de seguridad heridos. Salam ha amenazado con dimitir, expresando su frustración por la incapacidad de su gabinete para actuar, ya que incluye a partidos rivales.
Varios ministros, incluidos los miembros de Hizbulah y del Movimiento Patriótico Libre del político cristiano Michel Aoun, abandonaron la reunión.
El movimiento chií arremetió en una nota contra «la creciente y cada vez peor corrupción» que la crisis de las basuras ha puesto de manifiesto.
En un comunicado del Gobierno, tras la salida de los ministros, se informaba de que las concesiones anunciadas el lunes para la recogida de residuos a empresas privadas «incluían altos costes» y, por tanto, han sido rechazadas.
Medios de comunicación y activistas habían acusado al Ejecutivo de dar los contratos a varias compañías en función de su afiliación regional y política, reflejando una presunta corrupción y politización del asunto.
El Ejecutivo dijo que como medida temporal, la basura, que ha estado acumulándose en las calles de Beirut, será enviada a la provincia de Akkar, en el norte de Líbano, a cambio de una «suma» de 100 millones de dólares que iría a proyectos de desarrollo en esa región. Según el ministro de Información, fue dicha suma la que provocó la salida de los ministros.
Akkar, una de las regiones más pobres de Líbano, es mayoritariamente suní aunque también cuenta con áreas cristianas.
Una apuesta no sectaria por el reciclaje
Después de que los residentes de la ciudad de Naameh cerraran su vertedero, que servía a las áreas de Beirut y Monte Líbano, aproximadamente la mitad de la población de todo el país «quedamos cubiertos de basura», explica el movimiento Apestas, en el que participan libaneses de todas las etnias y creencias, sobre todo jóvenes.
«El Gobierno supo durante años que el vertedero de Naameh alcanzaría su máxima capacidad, pero no hizo nada para desarrollar una alternativa, alguna solución ecológica para la eliminación de los desechos de Beirut. En lugar de ello, optó por distribuir los residuos por espacios vacíos, la mayoría de los cuales se hallan junto a zonas residenciales y bosques. Las consecuencias para el medio ambiente y la salud han sido graves», agrega el colectivo. El movimiento “Tol3et re7etkom” (Apestas, en castellano) se dedica a crear «soluciones sostenibles presentadas por expertos en medio ambiente y centradas en el retorno a un sistema municipal de gestión de la basura, junto con la puesta en práctica del reciclaje a nivel nacional». GARA

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