Miradas vertiginosas sobre el amor y sus efectos

En una tierra con tantos coros y de tan variada fisonomía, desde los cuartetos y ochotes a las grandes formaciones corales como el Orfeón Donostiarra, nunca se había escuchado un repertorio como el que trajo el alemán Neue Vocalsolisten al ciclo de música contemporánea de la Quincena Musical. Un programa que observaba el fenómeno del amor desde todos los puntos de vista imaginables, excepto el estereotipado amor romántico: la necesidad, el sexo, la desesperación, la risa, la admiración, el miedo, la expectación, las ideas preconcebidas sobre el amor, la dificultad de las relaciones, la resistencia, el abandono, la forma de observar al otro y de observarnos a nosotros mismos a través de su mirada... todo eso y mucho más cobró vida y sentido en el absolutamente alucinante recital que los seis cantantes de Stuttgart presentaron el jueves en la Sala Polivalente del Kursaal.
Y fue alucinante no tanto por las obras, algunas mejores que las otras, pero sí por la apertura de miras que supuso para muchos de los que estábamos allí reunidos, que tenemos, irremediablemente, nuestras ideas preconcebidas sobre lo que es el amor y cómo se debería hablar, o cantar, sobre él. Fue también, por supuesto, una ampliación vertiginosa de nuestro conocimiento de lo que es un coro y lo que puede llegar a hacerse con la combinación de voces humanas.
“Menschen Hört” de Karlheinz Stockhausen y “Amor fiero” de Zuriñe Gerenabarrena fueron creaciones relativamente convencionales en el uso de la voz y el teatro. La fiesta comenzó con las “Love songs” de ese genio casi desconocido por el gran público que es Claude Vivier, en el que canta al amor en varios idiomas y dejándose llevar por los clichés que cada lengua impone a la hora de hablar de un lenguaje amoroso. Además de palabras, risas, temblores y hasta vómitos, los Neue Vocalsolisten tuvieron que realizar una abanico extensísimo de técnicas ampliadas para dar forma a una obra divertidísima a la vez que brillantemente irreverente. Como una extensión de ese espíritu, pero con un catálogo aún mayor de dificultades y asomándose también al lado oscuro del alma, se desarrolló la inmensa “Herzstück” de Luca Francesconi, que gozó de una interpretación de un virtuosismo hipnótico.

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