El unionismo antepone las elecciones al proceso político
El unionismo vuelve a jugar con el proceso de paz y la gobernabilidad norirlandesa con su cuasi salida del Ejecutivo de Belfast promoviendo una crisis artificial que deja al descubierto que sus intereses se centran más en su futuro electoral que en la normalización del proceso político en el norte de Irlanda.

La crisis norirlandesa tiene trazos de tragicomedia. Los aspectos trágicos y cómicos vienen de la mano de los partidos unionistas. La tragedia se vive en el ámbito de la menguante responsabilidad política en el caso del DUP y UUP. Dos partidos votados para gobernar el norte de Irlanda, pero que en la práctica –y, sobre todo, de cara a la cita electoral– consideran que el postureo político para atraer al votante es más importante que la gobernabilidad de la entidad que denominan Irlanda del Norte. Porque esta crisis ha sido manufacturada por el unionismo.
Ante la sugerencia policial de que el IRA mantiene una estructura básica, los unionistas exigen una evaluación de esta posibilidad, pero incluso antes de que se conozcan los resultados de dicho análisis, el UUP abandona el Gobierno. Días después, deja la mesa de negociación porque quiere que éste sea el primer punto de la agenda. ¿Es el IRA la preocupación esencial de los unionistas o lo es quizás reposicionarse políticamente ante el electorado que tradicionalmente vota a su competidor, el DUP? Con su imagen de intransigencia, el UUP espera ganar los votos de aquellos que se niegan a aceptar que nacionalistas y republicanos son ciudadanos de pleno derecho en el norte de Irlanda.
La estrategia electoralista del UUP ha pillado desprevenido al DUP y cuando parecía que el partido del primer ministro norirlandés, Peter Robinson, optaba por la ruta de la razón y la estabilidad, a la espera de los resultados de la investigación policial antes de tomar una decisión apresurada similar a la de sus «colegas» unionistas, porque a la vez sabía que optar por la misma salida que el UUP le pondría en desventaja ante su electorado. Sin embargo, Robinson no supo esperar ante las detenciones de tres líderes republicanos, entre ellos el responsable de Sinn Féin en el norte de Irlanda, Booby Storey. Es en este punto cuando la situación se transforma en una comedia de despropósitos.
Las exigencias del DUP de aplazar la fecha de regreso vacacional de la Asamblea de Belfast o de suspender las instituciones no hallaron la respuesta esperada en la comisión parlamentaria, donde el DUP se quedó solo con el partido de la Alianza al buscar el aplazamiento, ni del Gobierno británico, quizás porque la Administración británica ha perdido la paciencia con las constantes rabietas unionistas. Así pues, tal y como había amenazado, el pasado jueves Peter Robinson dejó su cargo, pero sin abandonar el Ejecutivo, mientras ministros dimitían, a excepción de la titular de Finanzas, Arlene Foster, cuya presencia preserva el puesto de primer ministro para los unionistas y así evita el colapso inmediato de las instituciones.
Tres horas después del anuncio de las dimisiones, la Policía norirlandesa dejó en libertad sin cargos a los tres republicanos y expuso la sinrazón de las acciones unionistas.
¿Cómo ha cambiado la situación tras las dimisiones? En poco o nada para los ciudadanos norirlandeses. Mañana continuarán las reuniones de cara a solucionar la crisis, el Ejecutivo sigue con la parálisis que ya sufría desde hace meses, y las instituciones funcionarán gracias al funcionariado y sin dirección política al menos en aquellos ministerios controlados por los unionistas. Para continuar la farsa, el DUP, que cuenta con el plazo de una semana para anunciar los nombres de sus nuevos ministros, ha anunciado que nominará candidatos a los ministerios que dimitirán inmediatamente, todo ello para evitar una redistribución de carteras que irían a parar a manos del SDLP y Sinn Féin.
Es una cuestión de tiempo que esta crisis se resuelva, pero la mayor pérdida será para aquellos que venden su credibilidad como fuerza política por un puñado de votos.

Grandes corporaciones han acogido a agentes de las «cloacas del Estado»

La marcha de Tubilla destapa la enorme marejada en las filas del PNV

Ordenaron parar citas con casos de Iztieta y hubo peticiones de silencio

«Necesitamos la foto más completa posible de la tortura sistemática»
