Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «ma ma»

Penélope Cruz brilla con luz propia en el papel de su vida

Penélope Cruz ha creído en Julio Medem, y le ha ayudado a sacar adelante uno de sus personales e intransferibles proyectos. Decir que ha hecho de productora y de actriz principal es no decir mucho, porque ella ha hecho algo más por él, entregándole un tesoro interpretativo de valor incalculable. Pero la de Alcobendas también tiene, a su vez, que estarle agradecida al cineasta donostiarra, porque este le ha brindado el papel de su vida.

Estamos ante una actriz que ilumina la pantalla con su brillo especial, con su vitalidad arrolladora, con su sonrisa reconfortante, con sus gestos de ternuna, con sus palabras naturales y cálidas. Penélope está excelsa, pero de haber fallado la película sería un completo despropósito, porque es un típica fábula medemiana que para sostenerse en pie necesita de una fe ciega, la que ha aportado tan generosamente su protagonista.

“ma ma” es un triunfo visual, porque Julio Medem y Penélope Cruz se muestran como firmes creyentes de la luz, de esa luz blanca que nos dejó el maestro Dreyer, y que muy pocos escogidos saben reactivarla. Yo la he visto y he creído, pero no sólo proyectada en el rostro resplandeciente del personaje de Magda, sino en todo cuanto la rodea. Nada más blanco que las paredes de un hospital, o hasta las camisetas del Real Madrid, que para el hijo futbolista de Magda es un blanco celestial.

Y es que está mujer deslumbra al reparto entero, porque hay que ver la química emotiva que consigue con Luis Tosar, y no digamos ya con Asier Etxeandia, que le pone voz a todas estas visiones entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte. Su caracterización de ginecólogo cantante es una genialidad con su punto provocador, como tiene que ser. Este ser angelical, nacido del realismo mágico y de la conexión imposible, pero necesaria entre ciencia y religión, sigue el rítmo del corazón de sus pacientes y le pone letra de balada inmortal de Nino Bravo.