Koldo LANDALUZE
«Yo, él y Raquel»

Un saludable canto a la vida

Me and Earl and the Dying Girl” pasó como un auténtico tornado por la pasada edición del festival de Sundance y cosechó el Premio a la Mejor Película tanto por parte del público como de la crítica, repitiendo de esta forma lo que hizo el filme “Whiplash” el año anterior. Poco malo se puede decir de un filme que cumple con su requisito de no provocar la lágrima fácil en el respetable mediante resortes baratos y sí mucho que decir en su favor porque apuesta en todo momento por un saludable y festivo guiño a la vida en formato de películas caseras, aquellas que la pareja protagonista visiona y trastoca en perfecta comunión. Excelente en su vibrante y colorista planteamiento visual y narrativo “Yo, Él y Raquel” –así se titulará en el Estado español– se sustenta en una química y emotividad carente de artificios y apuesta en todo momento por captar las emociones que comparten los tres jóvenes protagonistas de esta valiente adaptación de la prestigiosa novela homónima de Jesse Andrews de manera sencilla. Buena parte del engranaje argumental orbita alrededor de unas interpretaciones muy creibles a cargo de Thomas Mann, Ronald Cyler II y Olivia Cooke, los cuales cumplen en todo momento en su misión de transmitir sus emociones a través de secuencias que, a ratos –y debido a la singular personalidad de los dos personajes masculinos– parecen poseidos por el espíritu de Buster Keaton o, si nos referimos a inmutabilidades, al imaginario mucho más actual del genial Aki Kaurismáki. El cineasta Alfonso Gómez-Rejón –un autor curtido en producciones televisivas como la aplaudida “American Horror Story”– es el encargado de dotar de cordura y sensibilidad este paisaje veraniego en el que dos adolescentes no dudarán en unir su talento cinematográfico para rodar una película en honor a una tercera persona, una joven que padece leucemia. Color, música, sonrisas, lágrimas y silencios, disfrazados de pequeños fragmentos de películas caseras no aptas para gourmets cinéfilos, tiñen una crónica que lejos de ser tomada como un adiós a la vida, se muestra como un inteligente canto a la vida en toda su extensión.