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El Ejército afgano intenta recuperar Kunduz tras la victoria talibán

El Ejército afgano, apoyado por la Aviación estadounidense, combatía ayer en Kunduz para intentar desalojar a los rebeldes talibanes que se apoderaron el lunes de la ciudad en un ataque relámpago. «Nuestras fuerzas avanzan en la ciudad», aseguró el presidente afgano Ashraf Ghani, sobre esta operación.

Pero dure o no, la toma de la ciudad ya es una gran victoria para los insurgentes, y un desastre en términos de imagen para Kabul y sus aliados occidentales. El primer aniversario de Ghani al frente del país coincidió con esta derrota que permite al nuevo líder talibán, el mulah Ajtar Mansour, presentar su primer éxito, en un momento de divisiones internas entre los insurgentes, que han puesto en duda su liderazgo tras el reconocimiento del fallecimiento del mulah Omar.

La toma de Kunduz, un nudo comercial estratégico de 300.000 habitantes, a menos de 100 kilómetros de la frontera con Tayikistán, es el mayor éxito talibán desde que perdieron el poder en 2011. Y seguirá siéndolo aunque las fuerzas gubernamentales consigan expulsarlos. «No podremos mantener la ciudad durante mucho tiempo, pero esta operación es una respuesta al gobierno que afirma que no somos fuertes más que en al frontera con Pakistán», señaló a AFP un comandante talibán desde la ciudad paquistaní de Peshawar.

Las fuerzas de Ghani, con entre 5.000 y 7.000 soldados en la provincia, no han sido capaces de hacer frente a talibanes menos numerosos, (de 400 a 2.000, según estimaciones), en opinión del periodista paquistaní Ahmed Rashid. Añade que «muestra que son una fuerza combatiente unida», a pesar de las divergencias entre sus líderes, y aún decidida a derrocar al Gobierno de Kabul, una idea que contrasta con la de las autoridades afganas y sus aliados occidentales, que estiman que estaban perdiendo fueza por sus divisiones y la competencia del Estado Islámico. Rashid segura que además cuentan con apoyo de combatientes árabes, de Asia central y chechenos.

Las operaciones del Ejército afgano son llevadas a cabo por refuerzos llevados de otras provincias. El Ministerio de Defensa aseguró que habían recuperado el cuartel general de la Policía y la prisión, que los talibanes vaciaron de presos el lunes. De los 600 presos liberados, 110 eran talibanes, según el responsable de Inteligencia afgano, Rahmatullah Nabil.

Sin embargo, los talibanes llegaron ayer en masa al aeropuerto de la ciudad, que intentan tomar.

El Ejército afgano ya no cuenta con el apoyo de las tropas de la OTAN, que aún tiene 13.000 soldados desplegados en el país, en principio como consejeros y formadores. Pero los estadounidenses dieron apoyo aéreo a la operación sobre Kunduz.

Los talibanes incitaron a los habitantes a retomar su «vida normal», señal de su intención de ganarse su confianza. Prometieron aplicar la ley islámica y una amnistía general para los soldados que deserten. Sadiqa Sherza, una mujer que dirige Roshani Radio relató que «tenemos miedo de salir de casa, de ser atacados por los talibanes. No hay electricidad ni agua».

Diversas fuentes informaron de la muerte de al menos 119 personas, la mayoría de ellas talibanes, y que otras 200 resultaron heridas durante la toma de Kunduz. El portavoz del Ministerio de Sanidad afgano, Wahidullah Mayar, indicó que desde el lunes han perecido otros seis civiles y una decena de miembros de las fuerzas de seguridad.