Koldo CAMPOS
Periodista

Un cretino es un cretino

Decía Perich, uno de los más grandes filósofos catalanes al que algunos tenían por humorista, que la prueba de que en Estados Unidos cualquiera puede llegar a ser presidente la teníamos en su presidente. Se refería a Nixon, todo un cualquiera, que había sucedido en la Casa Blanca a otro cualquiera, y que dio paso a una caterva de presidentes que, además de demostrar una absoluta carencia de cualquier virtud, especialmente de escrúpulos, tuvieron en común ser un cualquiera.

En el Estado español, sin embargo, no cualquiera llega a presidente. A esa condición debe agregar un prominente grado de cretinismo que, no obstante la cerrada competencia, solo a los imbéciles más sobresalientes les es dado. M. Rajoy, eminente cretino, volvía a ponerse en evidencia en estos días: «Un vaso es un vaso y un plato es un plato». Años antes, Ana Botella, entonces alcaldesa de Madrid, ya había aportado en la misma deductiva línea algunos trascendentales destellos de lucidez cuando afirmó: «La manzanas no son peras, y una manzana y una pera no son dos manzanas».

Yo, que también soy un cualquiera, no me resisto a despedir esta columna de hoy sin una sesuda reflexión al respecto: Rajoy es un cretino, y quienes votan a un cretino son unos cretinos.

(Euskal presoak, Euskal Herrira)