Una tortilla gigante para un récord «imposible»
El 2 de agosto de 2014 el exalcalde de Gasteiz Javier Maroto se puso el delantal para posar en la foto junto al hostelero Senén González, al que encomendó un compleja misión: elaborar la tortilla de patatas más grande del mundo. Los dos posaron sonrientes, y midieron con orgullo su obra de 1.500 kilos, proclamando a los cuatro vientos que habían logrado un nuevo récord Guinness. Pero la alegría no duró mucho.
Cuatro meses después, los responsables del Guinness revelaron que la famosa tortilla, que costó más de 45.000 euros a las arcas municipales, ni era la más grande del mundo –en Japón elaboraron una de 11.036 kilos– ni se había preparado de acuerdo a las indicaciones de Guinness. Además, EH Bildu denunció que González incumplió el contrato con el Ayuntamiento, ya que empleó aceite andaluz, pese a que el acuerdo contemplaba que todos los ingredientes debían ser alaveses.
Y la tortilla se coló también en la campaña electoral, cuando los promotores de la Capitalidad Gastronómica acusaron a Maroto de mentir, de no cumplir el contrato y de negarse a pagar 50.000 euros. Una cantidad que será abonada por el nuevo Gobierno local, que el martes reveló que el PP sabía de antemano que la tortilla no lograría el récord Guinness. Es más, un informe jurídico sostiene que el Consistorio «pactó un intento que ya conocía como imposible».
Pero imagino que Maroto compartirá la opinión de Miguel Garnica, su compañero de partido, que considera que «solo el hecho de tratar de batir el récord fue muy positivo» para la ciudad.

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