Alex se resiste a la comodidad del sofá
Supongo que en el mundo del cine habrá más de un personaje fascinante, pero la distancia hace que nos los perdamos, así que es mejor seguir de cerca a los de casa. Por lo general, de los cineastas me suelen interesar sus películas y poco más, pero de Alex de la Iglesia me admira todo, cada vez que escribe, cada vez que habla. Es un pozo de sabiduría, y un ser dotado de un sentido común fuera de lo común, que para mi ya quisiera.
Todo esto viene de la entrevista televisiva a la que le sometió Risto Mejide, que por una vez no pudo erigirse en el centro de atención y tuvo que plegarse ante el mayor foco carismático de su invitado. El amigo Alex estuvo enorme, como es él, y supo revolverse en el cómodo sofá para no hundirse en él. El entrevistador quiso llevar toda la conversación por los derroteros de su interrupta etapa como presidente de la Academia de Cine, pero nuestro Alex estuvo al quite y nos brindó otra master class de cómo vivir el oficio de hacer películas.
Dijo que un director vale lo que su último trabajo, y por ello hizo una defensa memorable de la comedia, género mucho más difícil de realizar que el drama, por cuanto sin permitir tiempo y espacio para la reflexión, requiere de un instinto animal para dar con las claves vitales sobre la marcha.

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