Everest
El 30 de enero de 1996 Yuji Hyakutake –aficionado astrónomo japonés– observaba el espacio con dos potentes prismáticos cuando se encontró con un auténtico regalo. Ante sus ojos, un cometa que resultaría ser extraordinario. Bautizado en su honor como Hyakutake, pudo verse en el cielo desde finales de marzo hasta finales de abril. El fenómeno entusiasmó a los astrónomos pero fue considerado por los sherpas como un mal presagio.
En aquella temporada el Himalaya se encontraba, al parecer, bajo cantidades de nieve superiores a las habituales. Sin embargo, era la época en que las expediciones se ponían en marcha y la cima más golosa, el Everest, seguía siendo la más solicitada. Así que no es de extrañar que para primeros de mayo un gran número de alpinistas se dispusieran a hollarla.
El día 10, a primeras horas de la tarde, una tormenta especialmente violenta atrapó a 23 montañeros por encima de 8.000 metros –la zona de la muerte– obligándoles a intentar sobrevivir entre bajas temperaturas y fuertes vientos. En esas condiciones, Beck Weathers –un patólogo de Dallas, integrante de una expedición comercial– quedó semienterrado en la nieve, cegado por el frío y semiinconsciente. Aunque algunos montañeros pudieron ser rescatados, el episodio se saldó con un elevado número de muertos. Lo que ocurrió con Weathers fue realmente extraordinario. Después de permanecer más de 30 horas tirado en la nieve y en un estado de hipotermia grave, su cerebro reaccionó. Abrió los ojos, vio su mano derecha congelada, pensó en su familia, en que nadie llegaría con ayuda (había sido dado por muerto) y se levantó.
Inexplicablemente, se levantó. Y fue capaz de llegar por su propio pie hasta el Campo IV. Ken Kamler –el asombrado médico que le atendió– ha estudiado posteriormente el caso y ha concluido que Weathers pudo sobrevivir porque, gracias a sus fuertes recuerdos familiares, se mantuvieron en su cerebro –en la parte del mismo en la que radica la voluntad– los niveles de glucosa y energía necesarios.

De la lucha anti-ETA a la UCO, un camino muy transitado

Grandes corporaciones han acogido a agentes de las «cloacas del Estado»

La marcha de Tubilla destapa la enorme marejada en las filas del PNV

Ordenaron parar citas con casos de Iztieta y hubo peticiones de silencio
