El caos interno de la tele-basura y sus juguetes rotos

Da gusto cuando una película es tan fácil de resumir o comentar, y es que Alex de la Iglesia nos ahorra trabajo a la crítica. “Mi gran noche” se salva del desastre, con el que coquetea en varios momentos del metraje, gracias a la vena cinéfila del creador de “Balada triste de trompeta” (2010). Los homenajes a los grandes maestros los asmila una vez más dentro de su personal estilo, pero al tener como asunto principal el de la tele-basura se mete demasiado en ella, olvidándose de guardar la necesaria distancia paródica. Está claro que disfruta con esos programas y personajes infames de los canales privados, y que hasta le llegan a divertir, algo que no todo el público que acude a las salas de cine va a compartir necesariamente.
A mí me sobra toda la subtrama relativa al cantante Adanne, en cuanto que es una mala caricatura de Chayanne, pues hasta el número musical que interpreta es un calco sin gracia de su canción más famosa. Salvando ese escollo del horterismo supino, el resto de coreografías funcionan, porque Poty pertenece de lleno al medio y se desenvuelve en él con soltura, haciendo que las referencias al ballet Zoom y otros mitos de la profesión bailonga cuadren.
El resto de la variada tipología está lograda en su conjunto, lo que en una comedia de máxima coralidad ha solido estar al alcance únicamente de un Berlanga. Figuras clásicas como los figurantes o los gafes dotan de un punto nostálgico al conjunto, porque a fin de cuentas el comportamiento humano no ha cambiado tanto en el fondo desde los tiempos de Azcona. En ese sentido Pepón Nieto y Blanca Suarez lo bordan, al igual que en una vertiente más atravida e incorrecta la pareja formada por Carmen Machi y Carmen Ruiz. Raphael tiene la suerte de emular a Boris Karloff en la ópera prima de Peter Bogdanovich “Target” (1968), al enfrentarse a un francotirador que dispara desde la tramoya del escenario.

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