R.S.
USURBIL

Los acusados por la redada de Segura buscan dar efecto bumerán al juicio

Los 35 independentistas que serán juzgados desde el 16 de noviembre reivindicarán su labor entonces y ahora, y aspiran a sumar fuerzas para convertir la vista en «un activo». Habrá protestas los días 14 y 15.

Cuando todavía se está juzgando el caso de Askapena, la AN ya tiene listo otro macroproceso político. Desde el 16 de noviembre se sentarán en el banquillo 35 militantes de la izquierda abertzale, con fuertes peticiones de cárcel, en el caso basado en la redada de Segura de 2007, con la que el Gobierno del PSOE pasó factura por la ruptura del proceso de negociación desde 2005.

Estos militantes comparecieron ayer en Usurbil junto a afectados por el anterior proceso de las «herriko tabernas», muy similar, y a miembros de Libre. Anticiparon que piensan tomar una posición «ofensiva» e intentar así convertir el juicio en su contra en «un activo para el camino abierto por este pueblo».

Karmele Aierbe subrayó que «somos plenamente conscientes de que la mejor defensa es un buen ataque». En la sala de la Audiencia Nacional, esto se traducirá en que «responderemos que somos hombres y mujeres de paz, que queremos una Euskal Herria independiente y socialista, que luchamos por eso entre 2005 y 2007 y que lo seguimos haciendo ahora».

Para voltear esta situación que se prolonga en el tiempo («el Estado no deja de ir hacia atrás desde 2011», recordó), consideran clave la suma de fuerzas. «El secreto está en eso, está en nosotros, y con ello podemos mover la enorme roca del inmovilismo», aseguró Aierbe.

En este objetivo se ubican las movilizaciones convocadas justo el fin de semana anterior (14-15) con carácter nacional pero en formato descentralizado, pueblo a pueblo. Se están preparando ya escenificaciones de muros populares, conciertos, charlas, comidas solidarias...

Para Txerra Bolinaga, de Libre, «en los momentos en que los derechos más básicos están en juego, la responsabilidad es de todos y todas». La doble jornada del 14 y 15 se plantea como una fórmula de «organizar la rabia y también el cariño».