Raimundo Fitero
DE REOJO

Muertos

Día de los muertos y de todos los santos. También hay que añadir a la iconografía otoñal, castañadas, flores en tumbas, lloros y llantos étnicos sobreactuados. Recuerdo ahora los millones de reportajes en cementerios que he visto a lo largo de mi larga vida de individuo sentado frente a una pantalla con varios mandos a distancia. Un género. Todo se ha teñido de color calabaza, de disfraces, asistimos atónitos a uno de los movimientos de colonización cultural más mediáticos y súbitos sufrido por sociedad alguna. Los antropólogos deben buscar referencias en los manuales de internet. Un momento.

Parece ser que hay movimientos de submarinos de guerra de ambos bloques por los océanos, merodeando los cables que llevan eso tan intangible que llamamos internet. No soy capaz de explicarlo mejor, pero eso que llamamos wi-fi y que nos atraviesa, que convierte en algo extraño nuestro propio pulmón porque por él pasan las fotos que me envías a mi teléfono celular, tiene todo un origen material, se fabrica en algún punto, se almacena y se transporta y entre continentes se hace por conducciones submarinas. Cables, muchos cables. Antes de cobre, ahora de fibra óptica. Y la pregunta está en si se corta un cable, o dos, o tres, ¿qué sucedería?

Muertos de miedo andamos. Rusos, norteamericanos, chinos, pueden estar jugando con todas las posibilidades tanto de provocar un caos o para ver la manera de obtener información en las fosas oceánicas de los otros. Un catedrático en la materia dice que en un supuesto corte, los primeros afectados serían los bancos y el mundo del dinero. Una pista. Seguro que los militares de las grandes potencias ya tienen otra red más segura para mandar mensajes, controlar sus aviones no tripulados, satélites y demás aparatos de destrucción masiva. Muertos.