Carlos GIl
TEATRO

Gambito de director

E l ajedrez se presta a todo tipo de metáforas. En los años de la guerra fría, la lucha por la supremacía mundial en este juego de los jugadores rusos se encontró con un francotirador genial, Boby Fischer. A partir de un famosso enfrentamiento por la corona mundial en Reikiavick entre el excéntrico norteamericano y Boris Sparsky, Mayorga arma una magnífica trama en donde una vez estipuladas todas las atribuciones dramatúrgicas, las acciones se van desarrollando a partir de una concepción espacial donde se centraliza el tablero, en todos los sentidos, pero se abre a todas las posibilidades imaginativas, a partir de una magnífica herramienta narrativa: son dos locos aficionados quienes representan lo sucedido en aquellos días. Y eso abre el abanico de posibilidades para establecer otras relaciones entre los personajes y una mayor capacidad para ir incrustando otras luchas en lo ideológico y estrictamente teatral.

La sólida estructura dramática se abre al juego escénico y Juan Mayorga aplica una dirección lúdica a favor de los actores, a los que exige tantos cambios de registro, tanto esfuerzo interpretativo que se convierten en esenciales transmisores de toda la bondad del texto. Incluso hay momentos que el juego, el alarde de teatralidad pierde alguna efectividad proque se sobreponen y propician cierta saturación. Los que conocen el ajedrez  rememoran unos personajes y unas situaciones y unas partidas que hicieron escuela, para los que no tiene mucha idea ven reflejadas las tensiones políticas de aquellos años, que son las mismas o muy parecidas que las actuales. Dos concepciones del mundo, ideológicamente irreconciliables. Estamos ante un montaje sin alharacas, pero excelente, con un equipo actoral entregado a un texto y una dirección donde prevalece el juego, lo escénico, lo teatral. Y ganan con el gambito de director.