Todos los demonios
Cinco días después del ataque a las torres gemelas, George W. Bush declaraba: «Los que han hecho la guerra contra EEUU han escogido su propia destrucción». Casi al mismo tiempo, Bin Laden pronunciaba un tajante «EEUU jamás volverá a conocer la seguridad». Catorce años y dos meses después, si el yihadismo ha destruido algo, no ha sido a sí mismo, EEUU sigue sin conocer la seguridad, y Europa, también. Y en Oriente Medio, los muertos tienen la singularidad de ser muchos más pero molestar mucho menos, porque todos somos París pero nadie somos Libia, Irak, Afganistán o Siria.
Y entonces, ¿quién demonios ha ganado? Todos.
El demonio de la Industria Armamentística, que atiende la demanda democráticamente, sin distinción de ideología, sexo, raza, religión ni calibre. El de las Fobias y la Ira, que llama insistentemente a la puerta, hasta que despierta al xenófobo que todos llevamos dentro. El de la Seguridad, que en nombre de sí misma ahuyenta libertades. Y el de el Fin Justifica los Medios, que es un conocido demonio dinamitador de derechos.
Y el demonio de Occidente, suma y parte de todos ellos, que exige que le eximamos de las culpas que tiene y, en nombre de la libertad que no tenemos, seguir ensuciándonos las manos; hoy, de complicidad y silencio; mañana, con suerte, de petróleo.

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