Beñat ZALDUA
NEGOCIACIONES EN CATALUNYA

Los traidores, los extremos que se alimentan y la fe en el proceso

Tras días de bloqueo y escalada de los reproches mutuos, el artículo de David Fernández, pese a levantar ampollas en algunos sectores de la CUP, supuso un punto de inflexión. Las conversaciones se han retomado con mayor vigor y JxSí ha puesto por fin encima de la mesa un plan de choque. El acuerdo, en cualquier caso, deberá ser validado por la militancia.

El acuerdo solo llegará después de un momento crítico, de una aparente ruptura que los duros de cada bando intentarán hacer definitiva, mientras los mediadores, aquellos que seguro que serán tildados de traidores, tratan de recomponer los cristales rotos». Son las palabras escritas el martes por el subdirector del diario ‘Ara’, David Miró. Un día después, el periodista y exdiputado de la CUP David Fernández sacudió la actualidad catalana con un artículo en el que propuso, contra la opinión aparentemente mayoritaria de la Esquerra Independentista, ceder dos votos a Junts pel Sí para facilitar la investidura, pasar pantalla, aplicar un plan de choque en condiciones y avanzar en el proceso independentista. «Antes mil veces salir a jugar y quizás perder, que ni siquiera no comparecer en el terreno de juego», escribió.

Faltó tiempo para que lloviesen las críticas y las acusaciones de traición. A Fernández le han pitado los oídos estos días. Al sector que defiende mantener el veto a Mas bajo cualquier circunstancia no le sentó nada bien que el exdiputado utilizase el trampolín del ‘Ara’ para expresar una opinión contraria a sus tesis. Se puede discutir, por supuesto, pero nadie se había quejado hasta ahora por los artículos a favor del veto.

Paradojas que suenan a tópico pero que, mal que pese, son muy reales, aunque sea de forma involuntaria: el veto a Mas alimenta al sector más retrógrado de Convergència, al más reacio al proceso. Y en el viaje de vuelta, ese sector reafirma a aquellos que insisten en el veto bajo la consigna de «con Convergència no habrá independencia». La prueba del algodón: tras la jornada de debate de la CUP del pasado domingo, en la que la militancia avaló seguir negociando pero manteniendo el veto, sectores de CDC abogaron por suspender las negociaciones a la espera de que la CUP decidiese de forma definitiva sobre la propuesta de un Govern dirigido por Mas con tres grandes áreas ejecutivas. Asumían de facto volver a las urnas.

En el fondo, no es tan difícil entender lo que ocurre. Hay sectores de CDC deseosos de bajarse de un proceso al que se subieron a remolque, de la misma manera que hay sectores de la CUP que tampoco han creído nunca en un proceso bajo la batuta de la burguesía catalana. Y para quien no ve en el ciclo de los últimos años una ventana de oportunidad, por pequeña que sea, es lógico y evidente que el acuerdo entre neoliberales y anticapitalistas, recortados y recortadores, represaliados y represores, no tiene sentido. Y quizá tengan razón. Con todo un Estado enfrente, con contradicciones internas a veces (aparentemente) insalvables y todavía sin mandato democrático definitivo, el reto que tiene ante sí el soberanismo catalán es ciertamente complicado. Es urgente abandonar el independentismo mágico y admitir que es realmente difícil que el proceso acabe con la independencia. Pero mientras la pelota ruede, la victoria es posible. Y para que ruede, a veces hay que tragarse sapos que minan el terreno de juego. Fernández arrancó su artículo con una cita de Alexander Pope: «Haz bien tu parte, solo en eso reside el honor».

Y volviendo al pacto de los traidores, como si de magia se tratara, JxSí y la CUP retomaron las conversaciones un día después del artículo de Fernández. Han fusionado las diversas mesas de negociación y han establecido un exigente calendario para cerrar una propuesta de acuerdo lo antes posible. Es más, JxSí ha puesto encima de la mesa, por fin, un plan de choque de 20 medidas sin el cual la CUP ni siquiera iba a plantearse el preacuerdo. «Empezamos a cerrar carpetas y a definir un texto definitivo», apuntó el viernes el diputado de la CUP Benet Salellas, que valoró positivamente el plan de choque, aunque pidió mayor concreción. Ambas partes han acordado además grabar las conversaciones. Luz y taquígrafos como antídoto a una desconfianza natural e incluso saludable. El preacuerdo parece más fácil ahora. Y más allá de artículos, el acuerdo definitivo sigue estando en manos de la asamblea de la CUP. Marquen el 27 de diciembre en sus calendarios.