Jaime IGLESIAS
MADRID
Entrevista
SANTIAGO MITRE Y DOLORES FONZI
DIRECTOR Y PROTAGONISTA DE «PAULINA»

«No pedimos al público que entienda a Paulina sino que la acompañe»

Tras debutar como director con «El estudiante», Santiago Mitre (Buenos Aires, 1980) vuelve a tomarle el pulso al mejor cine político con «Paulina», la película más premiada en la última edición del Zinemaldia, donde obtuvo el Premio Horizontes, el de la Juventud y el Otra mirada. Dolores Fonzi (1978) pone rostro y alma a un personaje excepcionalmente complejo.

“Paulina” es un remake del filme argentino de 1960 “La patota”, un melodrama  tremebundo que narraba la historia de una mujer que, tras haber sido violada y quedar embarazada, resuelve tener a su hijo y no denunciar a sus agresores. Sobre estos mimbres el cineasta Santiago Mitre aceptó el reto de volver a rodar la historia dándole un enfoque duro, áspero y eminentemente político. El filme plantea un debate sobre la propia capacidad del individuo y de la sociedad en su conjunto, para responder ante actos de agresión que tienen su origen en situaciones de exclusión, desigualdad y marginación.

¿Cómo afrontaron este trabajo? ¿Tuvieron presente el filme de 1960 o prefirieron no verlo para que no les condicionara?

Santiago Mitre: Yo no había visto la película original y realmente “Paulina” me llegó como un encargo, pero la idea de rodar un remake me resultó muy atractiva. Casi todo mi trabajo hasta la fecha ha sido como guionista elaborando argumentos originales, por eso era un todo desafío reelaborar un material ajeno hasta conseguir algo donde me sintiera representado.

Dolores Fonzi: A mí no me dejaron ver el filme original para que no influyese sobre mi modo de encarar el personaje. Lo he visto posteriormente y me parece que entra muy bien en diálogo con nuestra película. “La patota” fue una obra pionera y muy arriesgada pero Santiago ha rescatado la vigencia de su argumento y le ha dado un enfoque más contemporáneo, más político, aunque él te dirá que no (risas).

S.M.: No, yo lo niego. De hecho cuando vi la película original enseguida pensé que tenía una protagonista muy potente. El personaje de Paulina me resultaba interesantísimo en su complejidad y vi que se prestaba muy bien a un enfoque político a la hora de armar una tragedia contemporánea sobre la justicia y a las propias convicciones. Pero a la hora de intentar definir la película me gusta más pensar en ella en términos de tragedia clásica actualizada, con Paulina y su padre ejerciendo de Antígona y Creonte (risas).

¿Le chirría la etiqueta «cine político»?

S.M.: No pero ¿sabes lo que pasa? Que cuando uno piensa en “cine político” existe el prejuicio de que es un cine que dice cosas y yo, sin embargo, prefiero que esas cosas las diga el espectador tras confrontarse con la película que presento. Por eso es que me gusta colocar al público en una situación de incomodidad moral, es un modo de apelar a su inteligencia y conseguir su implicación.

D.F.: Yo sí que creo que “Paulina” es una película política pero asumiendo la política en el sentido más amplio de la palabra, como aquello que impregna nuestras más íntimas convicciones y que como tal está detrás de cualquier decisión, de cualquier comportamiento que adoptemos. El cine que me interesa es el que refleja una voluntad de reflexionar sobre la realidad y un deseo de cambio.

Acaba de comentar su deseo de situar al espectador en una posición de incomodidad moral y con «Paulina» lo consigue al punto de dejar a la audiencia perturbada y sin asumir muy bien las razones de la protagonista…

S.M. Pero eso es justamente lo interesante ¿no? Si el personaje tomase las decisiones que cualquiera tomaría no revestiría ningún interés. Lo poderoso es esa cosa inatrapable que tiene el personaje de Paulina y que genera tantas preguntas al espectador, movilizándole en términos emocionales e intelectuales. Justamente son sus decisiones las que van poniendo en movimiento la película.

Dicho lo cual, admito que no me interesa que exista empatía con el personaje en un modo tradicional. Hoy en día hay mucho cine que quiere dar al público todo procesado, interpretado y que olvide la película una vez haya abandonado la sala. Prefiero un espectador enojado o perturbado a un espectador indiferente.

Pero a la hora de levantar esta historia ustedes, me imagino, que sí que se habrán esforzado por entender las razones que llevan a Paulina a actuar como lo hace.

D.F. No te creas. Es cierto que un intérprete suele demandar concreción a la hora de ser dirigido, pero con este personaje asumí que justamente debía trabajar sobre la incertidumbre. Paulina sabe muy bien lo que hace pero no por qué lo hace, de ahí su dificultad para justificarse ante los demás.

Visto así, como actriz no me tocaba comprender o juzgar a esta mujer sino que mi labor pasa por acompañarla. Y justamente eso mismo es lo que  pedimos al espectador, no le pedimos que entienda a Paulina sino que la acompañe.

Hay una frase que le suelta a su padre cuando este se empeña en castigar a los responsables de su violación que, en su complejidad, define muy bien a Paulina: «Tú solo buscas culpables, yo busco la verdad».

D.F. Ocurre que para ella lo relevante no es castigar a sus agresores. Su concepto de justicia no es ese. Paulina busca cortar esa espiral de violencia social de la que ella misma ha sido víctima. Paulina no quiere que haya más violencia ni para ella ni para nadie. Es la manera en que ella siente que puede sobrevivir a la situación. Como sociedad ya es diferente. Como sociedad nosotros tenemos la obligación de juzgar al agresor, pero está bien que la víctima no tenga que asumir también esa responsabilidad.

S.M. Es que a Paulina no le sirve de nada ser una víctima, siente que eso la debilita y la estigmatiza. A veces parece como si la sociedad exigiese a las víctimas de agresiones sexuales que reaccionen, como si existiera un protocolo de respuesta para estos casos. En la labor de asesoría que hicimos al escribir el guion hablamos con muchos profesionales de la magistratura y con gente que trabaja con mujeres que han padecido agresiones sexuales y una de las cosas que nos comentaron fue justamente esa: que no todas las víctimas reaccionan igual.

D.F. En Argentina se dio una modificación legal mediante la cual cualquier persona que presencie un acto de violencia, aunque no se vea implicado en él, puede ejercer de denunciante, lo cual me parece positivo pues libera a las víctimas de tener que ejercer también de acusación volviendo a confrontarse con unos hechos que la mayoría de ellas prefiere olvidar.

¿Siente que «Paulina» y «El estudiante», su ópera prima, son películas complementarias?

D.F. En cierto modo sí. El protagonista de aquella película era un sujeto sin convicciones que llega a la política casi por azar y que comienza a progresar por mera ambición. Y al revés: Paulina es alguien que renuncia a labrarse un porvenir para el que está de sobra cualificada atendiendo a sus propias convicciones a la hora de hacer frente a problemáticas reales.

 

«Me da bronca que en Europa la realidad latinoamericana se perciba como realismo mágico»

Un aspecto interesante de «Paulina» es también su intención por mostrarnos una parte de la realidad argentina, que apenas se muestra en el cine.

Santiago Mitre: Una de las primeras decisiones que tomo al escribir es fijar el sitio en donde transcurre la historia. Sobre todo me interesa que los lugares donde ruedo tengan su peso en el relato, que entren en diálogo con el resto de personajes.

En “El estudiante”, mi anterior película, la universidad de Buenos Aires no era un simple escenario sino que se erigía en protagonista de la historia. “Paulina” la rodamos en Misiones, un territorio fronterizo entre Brasil, Paraguay y Argentina donde se da una mezcla cultural interesante. Por otra parte, creo que también se trata de un escenario que refleja la estratificación social y las condiciones de desigualdad que aún subsisten en muchas partes de nuestro país.

Dolores Fonzi: Estoy de acuerdo, pero no creo que la mirada de Santiago sea tan solo una mirada local. “Paulina” profundiza en escenarios que son universales y, como tal, reconocibles por cualquier espectador. A mí personalmente me da mucha bronca esa consideración de realismo mágico que tienen en Europa cuando se confrontan con una película que aborda la realidad latinoamericana. La desigualdad o la injusticia no tienen nada de mágico y, por otra parte, son situaciones que se dan también en muchos países europeos. Los europeos que se creen que están viendo algo que no existe en su país cuando no es así. También es verdad que, hasta hace poco, en muchas películas latinoamericanas prevalecía una mirada condescendiente y hasta cierto punto folclórica sobre ciertos escenarios de marginalidad, algo que, afortunadamente, poco a poco hemos ido dejando atrás.

Esas realidades siguen existiendo pero hoy no son mostradas con una mirada tan localista sino más global a través de películas que intentan suscitar reflexiones y no simplemente impacto emocional.Jaime IGLESIAS