ÚLTIMO TREN PARA UNIÓ, NUEVA CARROCERÍA PARA CONVERGÈNCIA
Si hace cuatro años le hubiesen dicho a Duran i Lleida que en la siguiente campaña se enfrentaría en un cara a cara con un candidato convergente, se hubiera reído. El pasado martes ocurrió. Mostró la fragilidad de Unió, pero también las debilidades de Convergència.

No es ningún secreto que el líder de Unió, Josep Antoni Duran i Lleida, ansiaba el cetro del virrey Jordi Pujol a finales del siglo pasado. El trono, sin embargo, fue a parar a un prácticamente desconocido Artur Mas. El rebote del democristiano fue antológico, la tensión entre ambos líderes, notoria, y la convivencia, desde entonces, incómoda. Sin embargo, no ha sido hasta la profundización del proceso independentista, hace apenas seis meses, que Unió se ha dividido en dos, haciendo saltar por los aires la federación Convergència i Unió (CiU). Una explosión controlada que confirma que, haya o no independencia, el panorama político catalán ha cambiado para siempre. Qué se lo digan si no a Duran i Lleida, que el martes se encontró a sí mismo debatiendo cara a cara con su exsocio en CiU Francesc Homs.
No tuvo que ser plato de buen gusto para el inquilino más fiel del hotel Palace de Madrid. De querer liderar CiU u ocupar un ministerio ha pasado a tener que debatirse en la televisión con un segundón (aunque no tanto) de Convergència. A Duran, cuya capacidad oratoria queda fuera de toda duda, se le notó demasiado la mala leche de quien se ve obligado a bajar al barro después de acostumbrarse a estar rodeado por lo más granado del palco del Bernabéu.
Como viejo boxeador, algunos de los mandobles de Duran i Lleida fueron memorables («Unió se ha dividido, sí, pero damos la cara con nuestras siglas»). Pero la acritud de su tono y las constantes interrupciones al adversario dieron fe del apuro de quien lo ha tenido todo y está a punto de quedarse sin nada. Visiblemente sobrerepresentada en la federación CiU, tal y como demostraron las elecciones catalanas del 27S, los democristianos están a punto de quedarse sin ninguno de los seis escaños que tienen ahora en el Congreso (CiU tenía 16). Sumado a la pérdida de todos los diputados en el Parlament y a la fuga masiva de cargos locales hacia Demòcrates de Catalunya (la escisión independentista que se ha unido a Convergència en la coalición Democràcia i Llibertat), el escenario es prácticamente imposible para un partido que ya ha empezado a pensar en vender su patrimonio para aliviar una deuda insostenible de 16 millones de euros con las entidades financieras. El último tren para Unió (con permiso de un hipotético adelanto electoral catalán a marzo) sale el próximo 20D y ninguna encuesta ha predicho hasta ahora que lo vaya a tomar.
Cup, cup, cup... y cup
«Pues sí, me preocupa mucho la CUP», confirmó durante el debate Duran i Lleida. Si alguien optó el martes por la noche por beber un chupito cada vez que el democristiano mencionaba a la formación independentista, no habría llegado sobrio al final del debate. Duran acabó reduciendo sus ataques a Homs al acuerdo de Junts pel Sí con la CUP, partido que promueve la abstención el 20D.
«Usted también pactó el 9N con la CUP», respondió Homs. Al exconseller se le vio en algún apuro, sin embargo, cuando Duran hurgó con razón en el «doble lenguaje» convergente, que en Catalunya aprueba la Declaración de ruptura y en Madrid insiste en negociar. Además, Homs se sacó de la manga un supuesto acuerdo con la CUP para mantener como hasta ahora la política educativa. Es decir, para mantener las subvenciones a los colegios concertados. Algo que la formación independentista negó ayer. Y es que, aunque Homs tiene motivos para estar más tranquilo que Duran, tampoco la campaña es cómoda para él. Aceptar el cara a cara televisivo es suficiente muestra de que Convergència se sigue disputando un buen puñado de votos con los democristianos. De hecho, Homs ha preferido una campaña de bajo perfil soberanista para evitar al menos fugas hacia Unió.
Así, la liquidación final de Convergència y la fundación de un nuevo espacio político que sustituya a CiU se han mostrado como una necesidad urgente para el nacionalismo conservador, que el 20D verá, probablemente, cómo el alma del catalanismo en Madrid, Duran i Lleida, queda sin su trono en la capital del reino, y cómo Convergència es superada por Esquerra en la soterrada batalla por la hegemonía soberanista. Son tiempos de cambios acelerados. Hace cuatro años nadie imaginaba que Duran i Homs se irían a enfrentar en un cara a cara. De aquí a cuatro años parecerá que eso ocurrió hace un siglo.

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