Tormentas en la Meseta, anticiclón en el Cantábrico
Los dos debates en ETB han sido prácticamente la única ocasión de tomar el pulso a la campaña vasca y sus partidos, eclipsados por las borrascas estatales. Y hay algunas conclusiones interesantes.

Nadie habría adivinado hace bien pocos años que en la campaña estatal serían noticia los bruscos vaivenes de voto entre hasta cuatro grandes fuerzas, los exabruptos más o menos teatrales en los debates y hasta algún sopapo, y que por contra la vasca sería un remanso de debate civilizado y argumentado, casi sin focos, en privado. Va a tener razón Jesús Eguiguren cuando dice que hoy día el sitio en que los políticos más tranquilamente pueden salir a la calle es Euskal Herria (siempre que no estén sentados en la Audiencia Nacional con diez años de petición fiscal, claro). Los dos debates a cinco bandas celebrados en ETB martes y miércoles con los candidatos de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa han sido la cara oculta de la luna de una campaña en que todos los rayos alumbran el otro lado, el estatal. En ellos ha aparecido todo lo que aquí sí preocupa, pero en Atresmedia ni La 1 no merece un segundo: el impacto de la falta de autogobierno en las políticas sociales, el derecho a decidir o el problema sin resolver de las personas presas y sus familias, por citar solo tres cuestiones.
Primera evidencia: lo que en el Estado se señala ya como «partidos viejos» aquí es pura y dura decrepitud. PSE y PP mandaron a ETB-2 a sus dos pesos más pesados, un exlehendakari (Patxi López) y un ministro (Alfonso Alonso). Pero los dos se estrellaron. El alavés fue vapuleado por la política económica de Rajoy, tras enredarse en argumentos como llamar a la reforma laboral «instrumento extremadamente útil que ha evitado despidos», y patinó igualmente en el bloque de «paz y convivencia», al afirmar que persisten «bolsas de odio político» (Marian Beitialarrangoitia, de EH Bildu, replicó que eso suena bastante a lo que está haciendo el PP a presos y familiares).
López tampoco estuvo fino aquí. Primero intentó sostener que está contra la dispersión, y al preguntársele por qué entonces no hizo nada cuando pudo, se escudó en que «es que llegó el PP». Más adelante, perdió la calma cuando se hablaba del proceso negociador de Colombia: «Estoy alucinando, pero ¿qué tiene que ver Colombia con esto nuestro?», clamó aquel que vio el fin de ETA desde un tren al otro lado del Atlántico.
Claro que peor fue lo de ETB-1, adonde por cuestiones de competencia lingüística el PP solo pudo mandar a la cuarta de una lista (Laura Garrido) y el PSE a un candidato suplente (Eneko Andueza). Que ambos partidos renuncien tan descaradamente a convencer al electorado euskaldun es para mirárselo.
Segunda constatación: la aparición de Podemos (y la sombra de Ciudadanos) redibuja el cuadro general. Para empezar, el PSE –y quizás más todavía el PSN– está de los nervios, acechado por el riesgo de perder voto por los dos extremos ante las formaciones emergentes. López intentó descargar la caja de los truenos contra Podemos, pero el vizcaino Eduardo Maura lo sorteó con facilidad. Le bastó recordar al PSOE que lo que predica no se corresponde con lo que ha hecho cuando gobierna.
En ese fuego cruzado en que Podemos sacude al PP y el PSOE le zumba a Podemos, el partido que más poder institucional acumula en la CAV sale indemne. Y con el olfato electoral que le caracteriza, se pone a cubierto para llegar bien seco a las urnas. Aitor Esteban es buen candidato para este tipo de campaña, porque solo saca la cabeza del aterpe cuando ve cielo despejado. Es entonces cuando otros más locuaces como Andoni Ortuzar proclaman que, comparada con la estepa económica y social española, la CAV es el Caribe.
Vistos los precedentes de los últimos años, resulta llamativo que PNV y EH Bildu apenas hayan chocado estas dos semanas, y que los jelkides hayan verbalizado incluso que sus enemigos no son los abertzales de izquierdas. En cualquier caso, no parece que sea el inicio de una gran amistad, sino algo más coyuntural, derivado de la aparición de otros competidores.
Visto todo ello en perspectiva histórica, hay razones para prever que el 20D deje aún más anticiclón para quienes quieren una mayoría de izquierdas y por el derecho a decidir en Euskal Herria. Un tiempo estable en el que los glaciares anteriores se van derritiendo, aunque a ritmo desesperantemente lento. Otra cosa será si ese ambientillo tibio de invierno cuaja al fin en primavera vasca. Oídas las posiciones de PNV, EH Bildu y Podemos, márgenes de acuerdo parece haber, con la coalición como pivote central.

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