EDITORIALA
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Ceuta, símbolo de inhumanidad

Un nuevo intento de forzar la entrada en Ceuta, saltando y rodeando el doble vallado en una zona de difícil acceso, durante la madrugada del día de Navidad terminó con dos personas ahogadas y una docena más hospitalizada. Además, muchas otras resultaron heridas de diversa consideración y fueron atendidas en el lugar por voluntarios, que posteriormente dieron testimonio de la caótica situación vivida, con mucha sangre, ropa en las alambradas y gente llorando.

No es la primera tragedia que ocurre en Ceuta. Pronto se cumplirán dos años de las vergonzosas imágenes protagonizadas por un grupo de guardias civiles que lanzaban pelotas de goma en la playa de El Tarajal contra migrantes que trataban de entrar en Ceuta a nado. En aquella ocasión, quince personas fallecieron y el escándalo se saldó con la imputación de dieciséis agentes del instituto militar. Unos meses más tarde, un juez sobreseyó la causa aduciendo que no había encontrado atisbo de uso imprudente del material llamado antidisturbios.

En las vallas que los migrantes tratan de superar para entrar en las ciudades africanas de Ceuta y Melilla se encuentra también otro de los elementos que mejor simboliza la desalmada política migratoria de la Unión Europea: las concertinas. El Gobierno español siempre ha defendido que respetan la normativa comunitaria, pero son lesivas, crueles y para lo único que sirven es para que los emigrantes lleguen con el cuerpo acribillado a cuchilladas.

La masiva llegada de exiliados a las costas griegas y su posterior periplo por toda Europa ha movido el foco de interés informativo hacia el este –donde también se ahogaron 18 personas en Nochebuena–, quedando el norte de África, en cierta medida, olvidado. Por desgracia, las tragedias que periódicamente sobrevienen nos sacuden del olvido y nos recuerdan que Ceuta se está convirtiendo en símbolo de una política migratoria inhumana.