Mikel CHAMIZO
 DONOSTIA
Entrevista
JAVIER BUSTO
COMPOSITOR Y DIRECTOR DE COROS

«El canto fue el orgullo de este país, pero no podemos seguir afirmándolo»

Al doctor Busto le conocen muchos lezotarras por haber sido su médico de familia durante largos años, pero el compositor Javier Busto es conocido en todo el mundo como uno de los mejores autores de música coral. Tras pasar por el folk y el rock, su devoción por el canto se hizo definitiva, lo que le llevó a crear y dirigir coros como Eskifaia, Kanta Kantemus o Aqua Lauda.

Javier Busto (Hondarribia, 1949) es, probablemente, el compositor de todo el Estado español cuya música se interpreta más asiduamente en todos los rincones del planeta. Si uno prueba a buscarlo en YouTube, la lista de coros que aparecen interpretando su música, desde los Estados Unidos a Singapur y la Patagonia, es casi interminable. 

 

A pesar de ser el compositor vasco actual más interpretado en el mundo, ha dedicado toda su vida profesional a la medicina. ¿Por qué no se inclinó desde el principio por la música?

Yo me interesé por la música desde muy joven: en el primer grupo de rock que hubo en Hondarribia, Detroublers, yo tocaba junto con Txomin Artola. Pero en aquellos años, la década de los 60, era muy problemático decirle a tu familia que querías dedicarte a la música. Como todavía no había universidad en Euskal Herria, me fui a Valladolid a estudiar medicina y allí empecé a cantar en el coro Ederki, que estaba formado por estudiantes vascos instalados en la ciudad. Lo hice sin muchas ganas, pero me cambió la vida. 

 

¿Por qué le daba tanta pereza? 

Tuve un pequeño trauma con 12 años. Estudiaba en Lekaroz con los capuchinos y era tiple en la escolanía del colegio. Un día me encontraba mal y le pedí al director que no me obligase a cantar, pero lo hizo y cuando llegó un agudo importante lo fallé. Delante de todo el mundo me pegó dos tortazos y me castigaron varios días. Me dije que jamás volvería a cantar en un coro. En Valladolid me enganché de nuevo porque el director, Arturo Goikoetxea, además de cantar muy bien tocaba la guitarra y tenía un grupo de versiones de los Beatles. Arturo un día dejó el coro y me propusieron tomar yo las riendas. Dije que sí, a pesar de que no sabía solfeo ni dirección. Tuve que aprenderlo de forma autodidacta. 

 

¿Cuándo comenzó a componer?

Llevaba ya un tiempo en el coro universitario y tenía cierta experiencia: leía cientos de partituras, analizaba cómo estaban escritas las voces y cómo sonaban. Al final empecé a escribir, en mi manera un poco en contra de la armonía tradicional. Las primeras obras no tenían ningún sentido, pero poco a poco fui aprendiendo. El punto de inflexión fue cuando mi “Ave Maria” fue obra obligada en el certamen coral de Tolosa. De allí un coro se la llevó a Suecia, otro a Japón, y en poco tiempo se cantaba en todo el mundo. Fue una gran motivación para seguir avanzando.  

 

¿Qué tiene su música para que sea la favorita de tantos coros?

Creo que hay tres razones fundamentales. La primera es que es de una dificultad asequible, aunque sea música del siglo XXI. Por otra parte, salvo una época en los 80 en que escribí cosas experimentales para ganar concursos, trato que mis obras tengan corazón y emoción. Y en tercer lugar, el tratamiento que doy a las voces es el adecuado. Conozco muy bien los coros y sé hasta dónde puedo llegar. 

 

¿Escribió obras experimentales para ganar concursos?

Cuando presenté el “Ave maría” al concurso de composición de Tolosa, tres años antes de que fuera obra obligada, la desecharon por romántica. Dijeron que era vieja y caduca. Al año siguiente me volví a presentar, esta vez con una música con signos raros y grafías novedosas, y gané el primer premio. Me di cuenta de que los jurados solo querían ver cosas novedosas aunque no tuvieran demasiado sentido. Del 84 hasta el 90 creé obras bastante extrañas para ganar concursos, aunque paralelamente seguía haciendo piezas más sencillas para coros de niños y mujeres. Curiosamente hay gente que adora mis obras de los 80 y hasta se han hecho tesis sobre ellas.

 

Durante el último Certamen de Tolosa hizo unas duras declaraciones. Dijo: «En este país solo se apuesta por la música de orquesta, la falta de apoyo institucional está dejando morir nuestra tradición coral vasca».

La administración se conforma con subvencionar a la federación de coros de Euskal Herria pero falla en lo fundamental: el canto en la escuela. En este país siempre ha habido coros porque los niños comenzaban a cantar en las iglesias. Pero eso ya no existe y tampoco se les enseña a cantar en horario escolar. Se les ofrece hacerlo de forma voluntaria, como actividad extraescolar, pero los niños, claro está, prefieren jugar al fútbol. Si desde los tres o cuatro años trabajaran el canto en la escuela, no más de una hora a la semana, tendríamos un futuro coral como el de los suecos o los alemanes, que sí aprenden desde niños. Y la mayoría de ellos siguen cantando en grupo el resto de su vida, porque es una actividad cargada de valores sociales positivos. Aquí, sin embargo, cada vez es más difícil encontrar cantantes, y los coros pequeños, los que no son el Orfeón Donostiarra o el Andra Mari, tienen muchos problemas para seguir con su actividad. Entiendo que se apoye la música orquestal, porque hay un tejido de músicos profesionales tras ella, pero la administración parece no comprender que no todo el mundo tiene por qué ser profesional para ser parte de la vida musical. El canto siempre ha sido el orgullo de este país: todos hablaban de cómo cantaban los vascos. Eso, hoy en día, ya no se puede seguir afirmando. 

 

Se acaba de jubilar. ¿Va a dedicarle más tiempo a la música?

Me jubilé con un año de antelación porque ya no tenía tiempo para mi trabajo coral. Ahora no paro, estoy permanentemente viajando: el día 2 me voy a México y para el año que viene tengo ya estrenos y talleres en Alabama, Singapur, Estonia e Italia. No paro, pero lo disfruto porque ahora estoy viviendo realmente mi gran pasión. Estoy en el momento más dulce de mi vida.

 

«Escribir para coro no sale rentable, se fotocopia todo»

Además de Javier Busto, en Euskal Herria hay un buen puñado de compositores de música coral cuyas obras se mueven muy bien tanto dentro como fuera de nuestras fronteras: Eva Ugalde, Josu Elberdin, David Azurza, Xabier Sarasola o Junkal Guerrero son algunos de los más destacados. Todos provienen del mundo coral y, además de componer, desarrollan una intensa actividad como directores. Paradójicamente, los compositores profesionales vascos, los del ámbito instrumental, como Ramon Lazkano, Gabriel Erkoreka, María Eugenia Luc o Félix Ibarrondo, apenas escriben para coro y sus pocas obras corales raramente se interpretan. Es un situación extraña, como si ambos mundos fueran compartimentos estancos, muy especializados, cuando en otros países la norma es que los compositores escriban indistintamente para voces o para instrumentos.

Busto da una razón. «El gran problema del movimiento coral en Euskal Herria es la fotocopia de partituras. Se fotocopia todo y se fotocopia siempre». Esta piratería de partituras hace que los autores apenas obtengan un retorno económico por su trabajo. «En una ocasión le pedí a Tomás Aragüés que me escribiera una obra para presentarme con mi coro al Certamen de Tolosa», recuerda Busto. «Pero él se quejó de que los coros no hacían más que pedirle obras y luego no les sacaba ningún rendimiento». En el caso de Busto lo económico no ha sido tan problemático, pues él ha trabajado siempre para Osakidetza. «Pero para un compositor profesional sí es algo vital», explica. «Si escribes una obra para orquesta y esta se toca, recibes bastante dinero en derechos de autor. Pero las piezas corales apenas duran 4 minutos y apenas generan derechos. Si además no vendes las partituras, porque todo el mundo las fotocopia, los compositores profesionales pierden cualquier interés en escribir para coro». La filosofía de la fotocopia es un mal endémico de la vida coral vasca. «En otros países la gente tiene conciencia de que cuando entras en un coro has de comprar el material y conservarlo bien. Pero aquí tenemos los famosos archivos de los coros, del que se saca fotocopia de una fotocopia de otra fotocopia, y todo se reparte gratis. Es un vicio muy arraigado que tiene consecuencias», concluye Busto.Mikel CHAMIZO