31/12/2015

MAITENA MONROY
FORMADORA DE AUTODEFENSA FEMINISTA

Maitena Monroy nació en Bilbo en 1972. Con trece años estaba rabiada con el mundo y su profesora Arantza Beaskoetxea le explicó que el problema se llamaba machismo. Así llegó a la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, donde comenzaría a formarse en autodefensa feminista. Desde 1988 ha ayudado a unas 20.000 mujeres a concebir su cuerpo como territorio. También es fisioterapeuta en Galdakao

«El avance en igualdad está provocando una resistencia machista»
Itziar ZIGA|BILBO
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«Nos han hecho interiorizar el terror sexual; la nuestra es una indefensión aprendida. De ahí que nos cueste tanto vivir nuestro cuerpo como un territorio»

Llegamos a 2016 y la violencia estructural contra las mujeres no parece remitir a pesar de décadas de empeño feminista y de medidas políticas tan recientes como recientemente recortadas en presupuesto. Tras un año de titulares alarmantes y de fuertes polémicas sobre las estrategias feministas a seguir, la voz de una activista como Maitena Monroy, que lleva casi treinta años contagiando la posibilidad de vivir libres de violencia machista, resulta clarificadora.

Hace veinte años acudí a un curso de autodefensa suyo donde se desenredaron para siempre parte de mis miedos. ¿Cómo empezó todo para usted?

En 1988 se organizó la comisión de autodefensa dentro de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia y estuvimos formándonos durante dos años, de mis dieciséis a mis dieciocho. Debatíamos entre nosotras, una profesora holandesa nos fue enseñando técnicas de defensa personal y varias sicólogas nos ayudaron a trabajar dinámicas de grupo, habilidades comunicativas y a gestionar las situaciones que surgieran en los cursos. Desde entonces, no he parado de formarme más.

¿Cómo aprendemos a deshacernos por dentro de esa violencia machista a la que parecemos destinadas?

Nos cuesta mucho situar el daño en el lugar adecuado, sin sobredimensionarlo ni infravalorarlo. La violencia machista ha estado mucho más presente en nuestras vidas de lo que a veces pensamos. Es muy importante resignificar que lo que te pasa no es por ti misma sino porque eres mujer, por eso el enfoque debe ser feminista. Nos han hecho internalizar el terror sexual, la nuestra es una indefensión aprendida. De ahí que nos cueste tanto vivir nuestro cuerpo como un territorio. No se trata solo de saber pegar; saber pegar es fácil. Pero creernos con el derecho a la legítima defensa es lo más difícil para las mujeres porque ni siquiera nos permitimos la reacción del enfado. Es importante comprender cómo nos situamos en la amabilidad, en el vínculo emocional con todo el mundo, incluso con los agresores. Nos da pena todo el mundo, salvo nosotras mismas.

También tendemos a instalarnos en el enfado, ¿no cree que si vivimos enfadadas, nos han ganado?

Efectivamente. Hay que quitarle el telemando al sistema y a los agresores; el género no puede supeditar toda nuestra vida, no puede limitarnos para vivir. Enfádate, enfádate porque tienes derecho al enfado, saca toda la rabia, pero que no se quede dentro de ti. Toda la violencia que he sufrido forma parte de mi autobiografía, pero no configura mi identidad. Mi identidad me configura como feminista, como un ser humano que busca la justicia social. Aunque también tenemos que perder el reparo a la palabra víctima. Si no reconoces que has sido víctima de una situación de injusticia, de un daño que era evitable porque responde a una voluntad ajena y a su mantenimiento de privilegios, es muy difícil empoderarte. Cuando has sufrido violencia, es inevitable pasar por la categoría víctima para recuperarte, porque sino das un salto en el vacío. Otra cosa es que te niegues a que se te reduzca a víctima de violencia machista.

Después de tantos años, ¿no cree que una herramienta tan potente como la autodefensa feminista sigue desaprovechada?

Las organizaciones feministas no hemos sabido expandir esta herramienta nuestra. La hemos dejado en manos de algunas mujeres, como es mi caso. Y durante muchos años se ha perdido el interés, hasta hace poco. Tenemos que definir qué es autodefensa feminista, que no es lo mismo que defensa personal. Esta es mi pelea desde hace años. Necesitamos poner en valor la autoridad que tiene el movimiento feminista en la definición de qué es la violencia sexista y de las herramientas que tenemos para el empoderamiento de las mujeres. Es imprescindible hacer formación de formadoras. Llevo años tratando de montar una escuela de formadoras en autodefensa feminista, pero por ahora no ha sido posible.

¿Hacia donde cree que tenemos que seguir trabajando para posibilitar que las mujeres vivamos libres de violencia machista?

El acompañamiento a mujeres víctimas de violencia, al que en América Latina se dedica muchas energías, aquí no lo estamos haciendo. Salvo alguna excepción: en Gasteiz se ha formado un colectivo de mujeres supervivientes de violencia que se llama Bizirik. Tenemos que trabajar con nuestras aliadas en las instituciones, abrir todas las puertas. No hay que feminizar la política, hay que feministearla. Insistir en que dejen de fragmentarse las diferentes formas de violencia y en que violencia no es solo lo más salvaje. No olvidar de dónde venimos para reconocer los éxitos que hemos logrado, que no han sido pocos y que han mejorado la vida de las mujeres y de los hombres. Nuestro avance en la igualdad está provocando una resistencia machista y me temo que vamos a ver un recrudecimiento de la violencia contra las mujeres a nivel mundial por esto, porque estamos llegando muy lejos. Por eso debemos convertir la causa de las mujeres en la causa de la humanidad.