El dios de la comunicación era humano

Está claro que no basta una sola película sobre Steve Jobs para empezar a aproximarse a una figura tan compleja como la del creador de Apple. Hubo un intento fallido con “Jobs” (2013), biopic realizado por Joshua Michael Stern y protagonizado por Ashton Kutcher. Y está ya listo un documental del oscarizado Alex Gibney, titulado originalmente “Steve Jobs: The Man in the Machine” (2015). Y entre tanta tentativa el estreno de la ficción “Steve Jobs” se presenta como la que pretende ser la obra definitiva sobre tan controvertido personaje, fallecido hace ya cuatro años.
En principio la respuesta ante la nueva propuesta está siendo buena, porque en la taquilla estadounidense va camino de recuperar los 30 millones de dólares que ha costado, y con unas críticas en general favorables. En los premios anuales también le está yendo bien, con cuatro nominaciones a los Globos de Oro, y con Michael Fassbender como el mejor posicionado para el Óscar de Mejor Actor. El germano-irlandés consigue hacer olvidar la falta de parecido físico, y adentrándose en una encarnación más sicológica plantea incógnitas en torno a la mente humana y sus límites. Porque aunque la película se basa en el libro biográfico oficial escrito por Walter Isaacson, el guion del genial Aaron Sorkin logra una vez más ir más lejos en la pantalla.
Sorkin ha desarrollado un guion similar al que hizo para “La red social” (2010), con la diferencia de que allí era David Fincher el realizador y aquí lo es Danny Boyle, quien refrena su habitual tendencia efectista reconociendo la autoría del aclamado guionista, para controlar al máximo la puesta en escena. En el caso de Mark Zuckerberg y Facebook puede que a Sorkin le interesaran sus comienzos, pero en el de Steve Jobs y Apple es como si siempre hubieran estado ahí. Y sí, porque se impusieron en el universo de la comunicación con tal rapidez, que la narración no hace sino seguir en tres actos las presentaciones de los productos que consolidaron su fama en el mercado de la informática. En lo personal trata a Jobs como a un semidios, un César de la tecnocracia actual.

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