Arabia Saudí aviva el fuego sectario al ejecutar a un clérigo chií
Si la situación en Oriente Medio no era lo suficientemente tensa, Arabia Saudí derramó ayer un buen chorro de gasolina sobre el fuego al ejecutar al clérigo opositor Nimr al-Nimr.

Arabia Saudí decidió sacudir ayer el avispero en que se ha convertido Oriente Medio ejecutando al clérigo opositor saudí Nimr al-Nimr, uno de los mayores defensores de la minoritaria y marginada comunidad chií en el país petrolero. Bajo el delito de «terrorismo y desobediencia», las autoridades saudíes decidieron acabar con la vida de Al-Nimr –junto a otras 46 personas–, lo que originó la condena unánime del chiísmo musulmán, con Irán a la cabeza, que advirtió a la dinastía Al-Saud de que «acabará borrada de las páginas de la historia». Las protestas, diplomáticas o populares, se sucedieron en toda la zona, ante lo que el chiísmo calificó como un «crimen».
La temperatura se elevó tanto durante la jornada que hasta a jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, condenó las ejecuciones y alertó de que lo ocurrido puede aumentar las tensiones en la región. «La Unión Europea reitera su fuerte oposición al uso de la pena capital en todas las circunstancias, y en particular en casos de ejecuciones en masa» dijo Mogherini, quien indicó, asimismo, que el caso específico de Nimr al-Nimr «plantea graves preocupaciones en relación con la libertad de expresión y el respeto de los derechos civiles y políticos básicos, que se deben salvaguardar en todos los casos, también en el marco de la lucha contra el terrorismo». «Este caso también tiene el potencial de inflamar más las tensiones sectarias que ya provocan tanto daño en toda la región, con peligrosas consecuencias», afirmó Mogherini.
Irán advierte: «Pagará duro»
Los ánimos, desde luego, están muy candentes en el chiísmo. Desde Irán, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hosein Yaber Ansarí, denunció «la profunda imprudencia e irresponsabilidad» del Gobierno de Arabia Saudí, que –agregó– «pagará duro» esta acción. Asimismo, el Gobierno iraní convocó al encargado de negocios de Arabia Saudí en la República Islámica –número dos en una misión diplomática– en señal de protesta por la ejecución.
Además, decenas de seminaristas iraníes marcharon por las calles de la ciudad santa de Qom, y fueron convocadas también movilizaciones ante la Embajada saudí en Teherán.
En Bahrein, escenario de algunas de las protestas más importantes, los chiíes tomaron las calles en varias localidades des- pués del rezo del mediodía para denunciar la ejecución, lo que derivó en choques con las fuerzas de seguridad, según informó la agencia Efe. Los manifestantes enarbolaron fotografías de Al-Nimr, quemaron neumáticos y entonaron lemas que pedían la muerte para la familia Al-Saud y contra la monarquía bahreiní, que profesa el islam suní como la saudí. La Policía desplegó vehículos blindados y disparó perdigones y gases contra los manifestantes. Además, el Ministerio del Interior aseguró que quienes critiquen la decisión saudí serán castigados con una multa equivalente a 530 dólares o hasta dos años de cárcel.
La situación en Bahrein es inestable desde febrero de 2011, cuando comenzaron las protestas de la mayoría chií contra la monarquía suní gobernante para exigir reformas políticas.
En el Líbano, Hizbulah responsabilizó a EEUU por la ejecución e instó a la comunidad internacional a condenar ese «crimen odioso» y a incluir a las autoridades saudíes en la lista de grupos terroristas. «EEUU y sus aliados, que protegen al régimen saudí, son responsables de encubrir sus crímenes contra su pueblo y los de la región y asumen la responsabilidad directa y moral de esa ejecución», afirmó Hizbulah. A su juicio, el motivo de la ejecución del clérigo es que reivindicaba que «se otorguen derechos a un pueblo oprimido y gobernado por el despotismo y la ignorancia».
Del mismo modo, los políticos chiíes de Irak, donde esta rama del Islam es mayoritaria, denunciaron la intención de Riad de azuzar el conflicto sectario en toda la región.
Movilizaciones de 2011
Al-Nimr fue ejecutado junto a otras 46 personas bajo tres cargos principales: «terrorismo», desobediencia civil y apostasía. En el caso particular del clérigo, se añade el de «llamar a la participación de países extranjeros» durante la revuelta en Arabia Saudí derivada de la revolución tunecina de 2011. Entonces, el clérigo emergió como una de las voces principales contra las autoridades saudíes, al denunciar la discriminación histórica de su comunidad, particularmente en el este del país. «Desde el momento en el que nacéis», proclamó en 2011, «estáis rodeados por el miedo». «La gente salió a las calles para pedir libertad, dignidad y reformas. No nos importa que nos arresten en pro de los detenidos, ni nos importa siquiera derramar sangre por ellos», aseveró.
Menos de un año después Al-Nimr fue detenido por los delitos de incitar a la violencia sectaria, resistencia al arresto y romper su voto de fidelidad al regente. Tal era la inquina de la Fiscalía que llegó a pedir su muerte por crucifixión, finalmente rechazada. El juicio se desarrolló en octubre de 2014 en el más absoluto secreto. De hecho, el hermano de Al-Nimr, Mohamed, fue arrestado inmediatamente tras tuitear el veredicto.
La coalición liderada por Riad pone fin a la tregua en Yemen
No solo la ejecución del clérigo Nimr al-Nimr y otras 46 personas situaron ayer los focos de la política internacional sobre Arabia Saudí. La decisión de la coalición liderada por la satrapía de los Saud de poner fin a la tregua decretada el 15 de diciembre –aunque abiertamente incumplida– en Yemen acrecentó la preocupación de la comunidad internacional sobre toda la zona.
En un comunicado difundido ayer, la Comandancia de esa alianza señaló que el cese de hostilidades quedaba roto a partir de las 14.00 hora local (11.00 GMT), aunque realmente su aviación ha seguido bombardeando el territorio yemení durante todo este tiempo. La tregua empezó con las negociaciones de paz en Suiza entre ambos bandos y, después de una semana, se amplió automáticamente, pese a que ni los rebeldes hutíes ni sus rivales la respetaron.
Las razones argumentadas ahora por la coalición para romper la tregua son el lanzamiento de misiles balísticos contra el sur de Arabia Saudí por parte de los hutíes y la continuación de sus operaciones en territorio yemení. Los rebeldes dispararon anteayer por la noche un misil balístico contra una sede de seguridad en la ciudad saudí de Abha, el tercero en una semana contra zonas del sur del reino fronterizas con el Yemen.
El mando saudí también justificó su decisión aduciendo que los rebeldes han entorpecido el suministro de ayuda humanitaria –alimentos y material médico– al pueblo yemení.
Siempre según la nota, la alianza aceptó la tregua solicitada por el presidente yemení, Abd Rabbo Mansur Hadi, porque quiere «crear un ambiente adecuado para encontrar una solución al conflicto», pero sostiene que «las acciones de los hutíes han impedido su continuación».
Los hutíes, precisamente, denunciaron ayer a través la ejecución del clérigo Nimr al-Nimr. «La familia Al-Saud ha ejecutado hoy a un guerrero santo tras una farsa de juicio», lamentaba el obituario publicado por el portal de noticias reconocido por los rebeldes hutíes, Al-Maseera.
Por otra parte, un destacado dirigente de la milicia Resistencia Popular Sureña, leal a Hadi, resultó muerto el pasado 31 de diciembre junto a tres de sus guardaespaldas en la ciudad meridional de Aden. Varias personas enmascaradas abrieron fuego anoche contra el vehículo en que se desplazaba el responsable de la milicia, Ahmed al-Idrisi, cuyo grupo, apoyada por la coalición árabe encabezada por Arabia Saudí, lucha contra los rebeldes hutíes y las fuerzas leales al expresidente, Ali Abdallah Saleh.GARA

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