Dubai
Mientras procuro ir descendiendo por la ladera de la prudencia hasta el valle de la moderación alimenticia, mis regurgitaciones me colocan como casi siempre ante la duda. O la caótica inviabilidad del razonamiento periodístico y político. Miro el mapamundi, al que solamente parecen atender como se merece desde el canal televisivo chino al que soy adicto, y me reafirma que Venezuela está colindando con Colombia. Entre otras fronteras. Pero a la derecha mediática española, a los políticos de mantilla y consigna solamente les parece interesar lo que sucede en Venezuela. Y para mentir, obviamente. Y al frente de esta campaña se coloca Felipe González, que es el que más sabe de corrupción histórica en Venezuela. Y en primera persona.
En cambio de Colombia se nos informa de un incidente de circulación de un jugador del jardín de Florentino apellidado James, que se pronuncia sin anglicismo alguno y que llega a entrenar con la policía pegada a su tubo de escape conduciendo a doscientos por hora. Y no se le ocurre otra cosa que decir que se creía que era un secuestro. Bueno es una mala excusa, pero se le da importancia mientras en Colombia están pasando cosas magníficas para los colombianos y para la zona. Hay un proceso de paz en serio al que deberían mandar todos los gobiernos observadores para aprender a negociar. No se quieren enterar.
Lo que sí les gusta es mostrar el incendio en un rascacielos espectacular en Dubai, en la nochevieja, algo que parece de película, del que recibimos imágenes de su interior, de película de incendios y comentarios de comedieta castiza, ya que nos indican que no se suspendieron los actos festivos programados de fin de año de ese paraíso de la juerga. Voy a repasar bien la nevera que quedan muchos restos de todas las especies. Y en la bodega.

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