Antonio ÁLVAREZ-SOLÍS
Periodista

La zarzuela

Nuestra política aburre. Quizá este aburrimiento sea lo que más la aleja de la ciudadanía. Ya que carece de ideas la gente echa de menos un cierto tempo de ópera. A nuestra política le falta solemnidad. Es zarzuelera, lo que quizá tuviera algún atractivo si se viera al apuntador, personaje inolvidable. Yo conocí a uno al que los actores daban fugaces patadas en la boca cuando les equivocaba. Ya que se trata de pasar el rato quizá funcionara “La verbena de la Paloma”, pero Rajoy no da para ser don Hilarión cuando canta aquello de «tiene razón don Sebastián,/ tiene muchísima razón,/pero si a mí me gustan las hijas de Eva/que he de hacer yo». Uno atendería también al escenario si sobre él apareciese con apreciable ironía el chico ese de «Ciutadans» dirigiéndose a la Srta. Arrimadas con la maliciosa frase de «Donde vas con mantón de manila; donde vas con vestido chinés».

O la política española gira en este sentido o acabaremos como el PNV de Ortuzar, que me recuerda la situación vivida en un teatro de Barcelona en cuyo escenario y durante un entreacto apareció un espectador meando en un árbol de atrezzo que pertenecía al acto que seguía. Por lo visto se había perdido entre bastidores y creyó que la planta formaba parte de un jardincillo que poseía el coliseo.