Raimundo Fitero
DE REOJO

Rubia

Como los responsables de “La Sexta Noche” no se tomen en serio un cambio de estructura, un nuevo objetivo y una remodelación del plantel de insultadores que colocan para montar un deplorable espectáculo bochornoso, van a acabar mal. De ser un programa de entretenimiento partidista se ha convertido en una versión lamentable de un “Sálvame” de periodistas de vinculación partidista orgánica y económica que acaban convirtiéndose en los protagonistas de los no-debates de no-política, que es en el fondo la pretensión del programa, hacer mucho ruido para confundir a los ingenuos espectadores que se creen que asisten a algo de importancia de índole política y es un compendio de chascarrillos y discursos vacíos.

Se lo dijo muy clarito Miriam Nogueras al vociferante Inda, “por mucho que grites no vas a cambiar el destino político de nadie”. No pasa nada con sus imposturas, con sus descalificaciones personales, sus obsesiones, su mala educación. Pero cuando alguien como Xavier Sardá pierde los papeles de una manera tan absoluta como es dirigirse a la mencionada política de Democracia  i Llibertat, gritándole, «¡rubia escúchame!», es que la cosa está madura para que la presente Belén Esteban y aparezca como tertuliano uno de los hermanos Matamoros.

Es la degradación total, la pérdida de toda orientación, la vuelta a los orígenes del pensamiento podrido. No aceptar nunca al otro, al contrario, creerse que el voto de los que no dan mayorías es de menor importancia que el de la masa más conservadora y contagiada que crea monstruos absolutistas. El nerviosismo es porque hay mucho dinero en juego en publicidades y el mantenimiento de medios de comunicación protegidos por los gobiernos, como bien sabemos. La deriva del programa le lleva  a la inutilidad por insuficiencia intelectual y política.