La defensa del imán Gulen denuncia un juicio político en Estambul
El proceso contra el imán turco Fetullah Gulen, antiguo aliado del Gobierno turco del AKP y hoy bestia negra del presidente, Recep Tayip Erdogan, arrancó ayer en su ausencia pero con críticas de su defensa, que denunció un «linchamiento político».
Exiliado hace 15 años a EEUU, Gulen, líder de una cofradía musulmana comparable, salvando las distancias, al Opus Dei, está acusado de intentar derrocar al Gobierno de su antiguo aliado fabricando acusaciones de corrupción, para lo que la Fiscalía pide una condena a cadena perpetua.
En el banquillo de los acusados se sientan más de medio centenar de policías y mandos, entre ellos el ex jefe policial de Estambul, Yakup Saygili, y su adjunto en asunto criminales, Kazim Aksoy.
La defensa de los acusados comparó la persecución contra la cofradía –1.800 de sus miembros han sido detenidos– como una caza de brujas digna del mccarthysmo.
La cofradía hizmet (servicio en turco) había logrado infiltrarse (entrismo) con éxito en los ámbitos policiales, judiciales y mediáticos turcos. Fue la que facilitó la consolidación del AKP en el poder. Y fue la que, tras perder el favor de Erdogan, trató en 2014 de defenestrarlo.

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