¿Guerra sexual contra las mujeres?
Nochevieja en una céntrica plaza de Colonia. Una masa incontrolable de machos «de apariencia árabe o magrebí», según algunos testimonios, agrede sexualmente a las mujeres que van encontrando a su paso. 170 denuncias interpuestas por robo, agresiones sexuales y violación. Balance policial: 31 sospechosos identificados: nueve argelinos, ocho marroquíes, cuatro sirios, cinco iraníes, un iraquí, un serbio, un americano y dos alemanes. Entre ellos, 18 solicitantes de asilo.
En un enclave estratégico, con un despliegue policial-militar sin precedentes contra el yihadismo, grupos de varones «de apariencia sospechosa» –interpelados habitualmente –actúan con total impunidad. A la hora de delimitar responsabilidades, sorprende la pasividad y la minimización de los hechos por parte de las autoridades (jornada «tranquila»), así como el «error de apreciación» de una cadena de televisión pública.
Además de la banalización de las agresiones, es preciso denunciar la creciente islamofobia y el neonazismo. Lo sucedido no es un choque de civilizaciones, ni una guerra sexual contra las mujeres. No debemos disociar estos hechos del sexismo cotidiano. Hay dos categorías de víctimas: las mujeres y los migrantes «de apariencia» que, desde ahora, serán considerados prima facie agresores sexuales.

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