Una tamborrada marcada por la capitalidad de 2016
La capital guipuzcoana ultima los preparativos de su gran fiesta en la que el próximo 20 de enero desfilarán 16.459 personas adultas en 135 tamborradas y que este año se vivirá con «especial intensidad» porque marcará el punto de partida de la Capitalidad Cultural Europea 2016.
El alcalde Eneko Goia presentó ayer algunas de las novedades junto con el concejal de Actividades Festivas, Alfonso Gurpegui; los representantes de las sociedades Gaztelubide, Juan Ramón Mendizabal; y Unión Artesana, Javier Martínez; y el director de San Sebastián 2016, Pablo Berastegui.
Este año la fiesta calienta motores el 18 de enero con una recepción a las 19.30 en el Museo de San Telmo, donde se hará entrega de una corbata conmemorativa del Año de la Capitalidad y donde estarán representantes de las tamborradas adultas y de la infantil.
La fiesta arrancará con la izada a las 00.00 del día 20, que será «de las más espectaculares», según Mendizabal. No obstante, además de la habitual bandera de la ciudad, que izará el alcalde, las hijas del recientemente fallecido Vicente Zaragüeta, presidente del Aquarium, subirán desde la balconada del edificio de la Biblioteca Municipal la ikurriña y la escultora Cristina Iglesias, galardonada con el Tambor de Oro, elevará la enseña de la Unión Europea. Tras las melodías propias de la fiesta, sonará el Himno de Europa, que será entonado por el Orfeón Donostiarra, y Kresala estrenará una coreografía diseñada para la ocasión.
Con motivo de la capitalidad la Plaza de la Constitución contará además con una decoración especial que incluye grandes faldones en azul y blanco en los balcones.
Tambores y barriles deberán además esperar para ser guardados ya que tres días después, el 23 de enero, volverán a sonar en el acto oficial de inauguración de Donostia 2016.

Martxoaren 3ko biktimen aurka jo du Gasteizko gotzainak: «Tentsioa dago»

Los kurdos lo pierden todo contra Damasco

«Xeberri eta biok hiru kantaldi egun berean egitera iritsi ginen»

Israel exhibe su impunidad en los escombros de la Unrwa en Jerusalén
