Koldo CAMPOS
Escritor

¡Qué tiempos aquellos!

Qué tiempos que hoy extraño, aquellos viejos años comedidos y pulcros, cuando en el consagrado hemiciclo del Congreso, en cortés armonía, debatían sus ilustres señorías, orondos y risueños y, por supuesto, aforados, no fuera a ser que alguna distraída imputación contradijera tan honorables reputaciones.

¡Qué tiempos aquellos, de cuentas y de cuentos, de puertas giratorias, de fondos reservados! ¡Qué erudición! ¡Cuanta elocuencia! Y es que un congresista no surge de la nada, no es cualquiera que improvisa su regia doblez, su señorial hipocresía, no cualquiera factura sin inmutarse tanta emérita desfachatez.

Pero más que aquellos viejos tiempos echo en falta los nuevos que vendrán, esos que se están asomando, esas voces que sí nos representan, voces vascas, catalanas, gallegas, republicanas, voces trabajadoras, que no aceptan negarse, aunque haya que romper, hoja por hoja, todos los artículos de una constitución estéril. Y bienvenidas sean las rastas, los piercing, las coletas, los bebés, la senyera, el euskara, los de las camisetas, y que se llene el Congreso de zapatillas, de boinas, de pañuelos, de propuestas decentes, que se llenen de pueblo.

Y sí, también de piojos, que nunca se equivocan cuando buscan congresistas con sangre.

(Euskal presoak Euskal Herrira)