Mikel INSAUSTI
Crítico de cine

Scola se despide de Roma y se reúne con Fellini

Tanta sensible perdida en tan poco tiempo no es fácil de sobrellevar, y a las bajas musicales hay que sumar las de ancianas gentes del cine, a las que por edad se les ha de venerar aún más si cabe. El adiós a Michel Galabru (93 años) se suma al que ahora le dedicamos al maestro Scola (84 años). Aunque esté mal decirlo, la noticia de su muerte me pilla preparado, porque cuando vi recientemente “Qué extraño llamarse Federico” (2013), tuve la sensación de que Ettore anunciaba a su amigo Fellini una próxima reunión en el otro mundo. Ya su anterior largometraje, que fue el documental “Gente de Roma” (2003), sonaba a despedida de la ciudad eterna que ambos genios compartieron en sus respectivas películas y en su vida, cuando entre los años 40 y 50 se hicieron colegas en la revista satírica Marc’Aurelio

Y cómo no acordarse del tercer cómplice de aquella cinéfila amistad, sin el que tal vez nada hubiera sido posible, porque el guionista Ruggero Maccari es una pieza fundamental en la filmografía de Scola, quien también colaboró con otros grandes escritores para películas de la época dorada del cine italiano como Furio Scarpelli, Agenore Incrocci, o Sergio Amidei.

Y qué decir de los actores y actrices, sobre todo de Nino Manfredi, que fue imprescindible en la primera etapa del cineasta, seguido luego por Vittorio Gassman, Stefania Sandrelli, Marcello Mastroianni, y como no, su pareja en “Una jornada particular” (1977) Sofía Loren. No en vano parte de su marca de autor radicó en la dirección interpretativa que exigieron sus obras corales “Brutos, feos y malos” (1976), “¡Qué viva Italia!” (1977), “La terraza” (1980), “La noche de Varennes” (1982), “La sala de baile” (1983), “La familia” (1987) y “La cena” (1998). Son títulos obligados para estudiar la historia y costumbres del país transalpino.