Al filo de lo posible
Enorme primera parte de los leones, que se pusieron 0-1, perdonaron y acabaron sufriendo el desgaste y la pegada letal de los culés.

BARCELONA 3
ATHLETIC 1
«Es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a ti mismo», decía en un momento Kevin Spacey en la genial ‘‘American Beauty’’. El Athletic tuvo esa capacidad ante el Barcelona. La de sorprenderse, al menos a su gente. Absolutamente nada que reprochar a su actitud, tanto que hasta hizo soñar con la heroicidad, aunque la realidad siempre sea tozuda y el altísimo ritmo de juego con el que los leones empequeñecieron al Barça era imposible de mantener. Y al final, sucedió lo previsible, que la letal pegada manda y ahí los azulgranas no suelen perdonar como sí hicieron los bilbainos. Eliminados, pero con el deber cumplido. Que pase la Liga.
Hablaba Ernesto Valverde en la previa del partido que se trataba de «cambiar el guión» del mismo. El guión previsto. Y a fe que lo cambió. Se anunciaban cambios, y el técnico repitió con Bóveda de central, pero apostó por San José-Rico, un binomio en la medular que no le dio buen resultado ni ante el Villarreal en liga (3-1) ni ante Las Palmas (2-2) y metió al ‘tocado’ Williams en una banda, a Susaeta en la otra y arriba las puntas de lanza, Eraso y Aduriz, primera línea de presión sobre el Barcelona. El donostiarra le daba consejos a Williams en el túnel de vestuarios antes de saltar al césped culé. Premonitorio. Si exceptuamos los 5-10 últimos minutos finales de esa primera mitad, el Athletic iba a firmar un ejercicio supremo de asfixia del rival, una presión sobre el mismo área de Ter Stegen, escalonado, ganando terreno al campo contrario a medida que ese ir adelante conquistaba metros, hasta cortocircuitar la salida del balón de los azulgranas, huérfanos de Busquets para esa labor. Pocas veces se habrá visto a los azulgranas sufrir tanto, ver a Mascherano resoplar, a Neymar atarse los cordones como quien busca respuestas en ‘‘Cuarto Milenio’’. Y ahí, en medio, partidazo de gente como San José, Balenziaga, Lekue... Corazón.
La actitud del Athletic era la previsible. Ir a por el Barça en su propio terreno. Ir a por ese gol que le pusiera al filo de lo posible. Otra cosa es hacerlo, insultante, en el mismo balcón de los dominios del portero alemán. Aduriz avisó al minuto 3 en un remate que interceptó Rakitic, el anuncio de lo que estaba por venir. A la media hora, seis remates de los rojiblancos por solo uno de los catalanes. Entre medio, la obra maestra de Aduriz en el minuto 11. «Con el pase que te di», como le dijo el ‘Negro’ Héctor Enrique cuando le cedió la pelota a Maradona en su campo y luego se dribló a medio equipo inglés para anotar aquel gol de leyenda a Peter Shilton. Pues ayer se lo dijo Aduriz a Williams. Balón largo de Iago, el ‘20’ la ‘mata’, se gira, filtra una asistencia de escándalo que gana su compañero, salva la salida de Ter Stegen y con el exterior, haciendo los segundos horas, envía entre sollozos el balón al fondo de la red. Go-la-zo.
El problema es que a partir de ahí el Athletic perdonó. Fue dueño y señor, merced a su derroche físico, entrega y corazón, porque si algo hay que ponerle para hacer lo que hizo, donde lo hizo y ante quien lo hizo, fue mucho corazón para dar lo mejor de sí. Y durante esos primeros 40 minutos logró dibujar una amplia sonrisa en sus aficionados, incrédulos la mayoría, rendidos a la evidencia antes del pitido, vendida la piel antes de cazarla. Y en los azulgrana, pitos, pitos que se dejaron escuchar en el Camp Nou.
La tuvo Eraso y se paseó por el área pequeña culé, Williams disparó por dos veces sin premio, Susaeta que mandó al cielo una asistencia de cabeza que Aduriz había bajado tras robar allí arriba las llaves a San Pedro, otra el donostiarra que no culmina... Tuvo el Athletic el segundo, con el Barça maniatado, pero no terminó de rematar. Y eso lo aprovechó Neymar para empezar a revolotear, y llegar, y azuzar, amén de gesticular y dejar algún recadito a Iago. Apretaron los de Luis Enrique en esos minutos finales y siguieron en esa línea a regreso de vestuarios. Y llegó el empate. Al Barça se le encendió la luz un instante y Luis Suárez igualó al poco.
Fueron los mejores momentos de los blaugranas, con Neymar inspirado, liderando el aleteo de los locales en campo del contrario, hasta que el Athletic logró recomponerse a base de coraje, de volver a meter el pie, de llegar ese segundo antes como en la primera parte, equilibró fuerzas, que no dominio, y casi hasta la eliminatoria si Sabin Merino y Eraso hubiesen acertado en una doble ocasión al minuto 60. Lástima porque al final llegaría la puntilla para ellos, esta vez en la cabeza de Piqué, previa falta de Alves a Muniain que el colegiado, muy casero en los forcejeos y duelos, pasó esta vez por alto. Como hizo con la segunda amarilla, por mano, que debió haber visto Luis Suárez a la media hora. Pero el fútbol es así.
Ni lo uno ni lo otro, con el 2-1, los rojiblancos no tenían nada que perder y mucho que ganar, se fueron con descaro adelante incluso con ocasiones, pero fue ahora sí, Neymar, el que sentenció con un golazo por la escuadra, dejando muestras de su calidad. Fueron minutos finales de idas y venidas, acercamientos a las áreas, donde no hubo ni tiempo ni acierto para más.
El Athletic dio la cara, no decepcionó, pero el cambio de guión no resultó del todo y el The End de la película fue el previsible. Estuvo al filo de lo posible durante muchos minutos, creyó que podría, pero se quedó en eso. Al filo. Al término del encuentro, como lo reflejó acertado José Mari Amorrortu, «el Athletic cuando gana, gana, y cuando pierde también».
Itu, seis lesiones musculares en un año
Demasiadas lesiones en un año. Ese podría ser el parte médico de Ander Iturraspe, más allá del ‘annus horribilis’ que está atravesando el de Matiena. Seguro que Ernesto Valverde lamenta no haber podido contar ayer con su concurso en el Camp Nou, en esa rotación con San José, pero su última dolencia muscular precisamente ante los culés le ha dejado fuera estos días y es muy probable que también ante el Getafe.
El 1 de febrero de 2015 sufrió su primer percance ante el Valencia, un traumatismo en su rodilla derecha que le provocaba una distensión; el 7 de abril una resonancia le detectaba una rotura miotendinosa de grado II en un músculo de la misma pierna derecha; el 31 de julio, nuevo traspiés con una lesión muscular en el cuádriceps de su pierna diestra que le obligó a quedarse en el descanso ante el Inter Bakú; el 19 de octubre, otra sobrecargar muscular en sus muslo derecho; el 15 de diciembre, ante el Madrid, esta vez en el adductor de la pierna izquierda, sufría otra lesión en su musculatura; y este 22 de enero, cuando parecía de nuevo entrar en los planes del técnico en las necesiarias rotaciones, nueva sobrecarga en la pierna izquierda. Cada una es una zona, pero muchas, demasiadas en tan corto espacio.
Contratiempos musculares que explican que en Liga, el vizcaino sume unos pírricos 250 minutos, cuanso está llamado a ser uno de los baluartes del equipo en sana competencia con San José. Pero lo cierto es que Iturraspe ya vio cómo la pasada temporada en Liga perdía protagonismo y jugaba menos minutos, 1.813, frente a los 2.707 de la primera temporada de Valverde, o los 2.241 y 2.719 minutos, respectivamente, en los dos anteriores cursos con Marcelo Bielsa. «De nada serviría sufrir para no crecer», decía el jugador en 2013 cuando ‘calentaba’ banquillo en el segundo año del ‘Loco’. Iturraspe renovó el año pasado hasta 2019.J.V.

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