Asier AIESTARAN

El primer caso de dopaje mecánico sacude de nuevo el mundo del ciclismo

El primer caso de ayuda electrónica confirmado oficialmente por la UCI, que se ha dado el pasado fin de semana en los Mundiales de ciclocross, ha vuelto a poner de actualidad el «dopaje mecánico». Si ya había ciertas sospechas, a partir de ahora la desconfianza crece aún más.

Aunque pudiera haber algún caso aislado, la primera vez que el «dopaje mecánico» se convirtió en tema de actualidad para el gran público fue a raíz de unas imágenes de Fabian Cancellara en el Tour de Flandes de 2010. Un demarraje espectacular del corredor suizo en el Muro de Grammont, unido a un cambio de bicicleta en carrera, suscitó las dudas de algunos aficionados –incluso del exciclista Davide Cassani–, que también hablaban de un caso parecido en la París-Roubaix, cerca de Mons-en-Pevele. Obviamente, “Espartaco” negó cualquier tipo de ayuda mecánica y nadie ha podido demostrar lo contrario.

Posteriormente también ha habido alguna denuncia de casos parecidos. En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, por ejemplo, distintas voces en el Estado francés ponían en cuestión el dominio abrumador de los ciclistas británicos en las pruebas de pista, y se quejaban de la ausencia de controles sobre las ruedas. Otra situación que dio mucho que hablar fue la de Ryder Hesjedal en la Vuelta de 2014, cuando el corredor canadiense sufrió una caída y los pedales de la bicicleta continuaron dando vueltas, según algunos, de manera sospechosa.

Preguntado por la agencia Efe, el jefe de mecánicos de la Federación española de ciclismo, Rubén Madrigal, afirmaba que «yo nunca he visto casos de esos, ni conozco su mecanismo y funcionamiento, solo he visto vídeos por internet. Sería vergonzoso que alguien recurriera a un motorcito para ganar». Sobre los casos concretos anteriormente citados, dice que no pondría «la mano en el fuego» ante el famoso video de Cancellara, mientras que de Hesjedal añade que se puede dar el caso de que «el núcleo de las ruedas se quede gripado y al dejar de pedalear las bielas muevan las ruedas».

Que los diferentes estamentos que rigen el ciclismo mundial no eran ajenos a la polémica se demostró en el Tour del pasado año, cuando los comisarios de la ronda gala realizaron inspecciones de manera oficial al final de alguna etapa para comprobar que las bicicletas no ocultaban ningún tipo de motor. Corredores de la talla de Jean-Christophe Peraud, Michael Rogers, Adriano Malori o Mark Cavendish vieron cómo eran revisadas sus máquinas para evitar cualquier tipo de suspicacia al respecto.

¿Ruedas electromagnéticas?

Pero si antes se hablaba de sospechas, la UCI tiene ahora una realidad ante sí. La flamenca de 19 años Femke van den Driessche, favorita para ganar la prueba sub'23 de los Mundiales de ciclocross de Zolder, fue cazada con un motor escondido en la estructura de su bicicleta. Concretamente se encontró un entramado de cables al desmontar el sillín, un sistema que pesaría entorno a los 500-600 gramos y que costaría alrededor de unos 20.000 euros. La ciclista se enfrenta a una inhabilitación mínima de seis meses y una multa económica que puede oscilar entre los 20.000 y los 200.000 euros. Pero la pregunta es obvia: ¿puede ser aislado el caso de una mundialista sub-23 en la selección belga o es la muestra de que el «dopaje mecánico» es más habitual de lo que se podría pensar en un principio?

«El sistema de motores existió, existe, pero ¿quién, cuándo y por cuánto tiempo, no lo sé», declaraba Marc Madiot, mánager del equipo FDJ el pasado verano. Un poco antes, en el mes de marzo, la Comisión independiente para la reforma del ciclismo afirmaba que «se nos han notificado varios intentos de violación de los reglamentos técnicos, incluyendo el uso de motores ocultos en cuadros. Este problema es tomado particularmente en serio, sobre todo entre los mejores corredores, y no ha sido descrito como un fenómeno aislado».

El presidente de la UCI, Brian Cookson, ha anunciado más controles de aquí en adelante, pero como suele ocurrir con este tipo de situaciones, ya se habla de un paso más en ese «dopaje mecánico». Concretamente ha sido “La Gazetta dello Sport” el que ha advertido de que el uso de motores ya estaría «desfasado» y de la existencia de un nuevo sistema de ruedas electromagnéticas. Se trataría de un sistema de tracción sofisticado en la rueda trasera, puesto en marcha por control remoto o incluso por medio de la frecuencia cardíaca, y capaz de generar entre 20 y 60 vatios adicionales, cuyo coste ascendería a unos 200.000 euros.

«El futuro de nuestro deporte está en juego», decía estos días el presidente de la Federación francesa, David Lappartient. Quizás es mucho decir, pero habrá que estar atento para que no ocurra lo que se temía Madiot el domingo, que «las carreras de bicicletas se conviertan en carreras de ciclomotores».