Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Spotlight»

Lo que todo el mundo sabía

La nueva joya filmada por el autor de “The Station Agent” seduce al espectador desde sus primeros compases porque supone un reencuentro con un estilo cinematográfico enraizado en esa saludable insurgencia fílmica que no requiere de subrayados. Cine en estado puro, eso es lo que se revela en cada una de las secuencias que componen la odisea periodística compartida por la sección “Spotlight” del periódico “Boston Globe” y que está sustentada en la labor coral de un reparto que ha entendido a la perfección el ideario abanderado por su director a la hora de plasmar el desarrollo de la noticia que provocó toda una catarsis en el seno de la entonces intocable Iglesia católica. La gran virtud de Thomas McCarthy no radica en ahondar en un tema ya de por sí tan sugerente como peligroso, sino en frenar o aminorar el tempo de una narración que en manos menos hábiles hubiese derivado hacia los consabidos terrenos de “David contra Goliath”. También topamos con algo de ello en el filme –no todos los días se sienta a Dios en el banquillo de los tribunales– pero durante todo el metraje tan solo se revela una intención que McCarthy nunca abandona: otorgar protagonismo a un modelo de periodismo que se aleja del sensacionalismo y lo convencional y que aboga por el esfuerzo colectivo que se requiere para enfrentarse al propio sistema. A lo largo de “Spotlight” topamos con multitud de secuencias dignas de ser recordadas, pero a título personal me quedo con el discurso que el personaje encarnado por Liev Schreiber lanza a su equipo de periodistas y, sobre todo, lo poco que se requiere para trasladar al espectador la fuerte carga emocional y profesional soportada por los miembros de “Spotlight” mientras desarrollan la noticia que sacó a la luz los casos de pederastia que fueron ocultados o comprados por la Iglesia y que todo el mundo conocía pero que, por simple desidia o miedo, nadie sacó en primera plana.