Palomares
El 17 de enero de 1966, sobre el cielo de Palomares, una aldea almeriense próxima al Mediterráneo, dos aviones militares norteamericanos, un B-52, prototipo de bombardero estadounidense utilizado para devastar las selvas vietnamitas, y el avión nodriza que le abastecía de combustible en pleno vuelo, chocaron entre sí y cayeron a tierra. De las cuatro bombas de hidrógeno que portaba el B-52, dos se rompieron al estrellarse contra el suelo lo que provocó una grave contaminación de uranio y plutonio. El embajador de USA en España, con un cinismo sublime, dijo: «ese accidente nuclear (sic) ha traído consigo la modernización de toda esa comarca que hoy tiene fama universal» (diario “Arriba”, órgano del Movimiento Nacional, 3-4-1966).
Palomares, escribió un plumilla venal en el mismo diario, «se situó en el mapa turístico de España». No hay mal que por bien no venga, que dijo Franco tras el «vuelo» de Carrero.
Más tarde se supo –a lo que contribuyó un libro, hoy inencontrable, escrito en 1968 por Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia, conocida como la “Duquesa Roja”– que la contaminación radiactiva registrada en la zona fue la más grave en plutonio del mundo.
Una bomba –la del “Tío Pedro”, así llamada– con la que los chiquillos, inconscientes, jugaban con lo que encontraban de restos del hostión de los aviones siniestrados. Los mayores, más «científicos», trataban de averiguar su composición cortando trozos a navaja. Celtiberia show. Humor (negro) berlanguiano, y es que, por otra parte, ¿por qué iban a adoptar precauciones si el propio ministro, Fraga Iribarne, disipaba toda duda declarando que «puedo asegurar rotundamente que no hay en la tierra ni en el mar (dos bombas más cayeron en el mar) ningún tipo de contaminación»? (“Arriba”: 13-2-1966). Y se dio un patriótico chapuzón con meyba para convencer a los «conspiranoicos» de entonces.
Hoy se recuerda el 50 aniversario de aquel «accidente» como quien cuenta una batallita al amor de la lumbre a los nietos. No sé si les dirán que las bases gringas siguen ahí, terrestres y navales, y operativas.

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