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TEL AVIV

El Supremo israelí suspende el arresto del preso palestino tras 71 días de ayuno

El Tribunal Supremo israelí suspendió ayer de forma temporal la detención administrativa del periodista palestino Mohamad al-Qeiq debido a su delicado estado de salud tras 71 días de huelga de hambre en protesta por su arresto sin cargos ni juicio por Israel, que le dejaron al borde de la muerte.

«El Tribunal Supremo ha decidido suspender la orden de detención debido a su estado médico. Aunque legalmente ya no está detenido, Al-Qeiq tiene que seguir en el hospital y para trasladarlo su familia tiene que pedir permiso a la Corte», explicó Jawal Boulus, su abogado. El preso «no es totalmente libre ni se puede ir a casa», añadió.

Preguntado sobre si Al-Qeiq, de 33 años y residente en Ramallah, interrumpirá su huelga de hambre, su abogado señaló a Efe «todavía no conocemos su decisión, pero dudo que abandone la huelga».

El portavoz de la ONG Médicos por los Derechos Humanos-Israel, Lital Grosman, señaló que la Corte también aceptó que le fuesen retiradas las esposas que lo ataban a la cama. Según esta organización, el preso está en una situación «extremadamente grave» y la comunicación con los médicos se realiza «a través de notas porque apenas puede hablar ni oír».

La semana pasada el Supremo israelí rechazó liberar a Al-Qeiq, aunque solicitó unos días para tomar una decisión. Según datos de la ONU, Israel mantiene en prisión a 527 palestinos bajo detención administrativa, una figura que permite el encarcelamiento sin cargos ni juicio por periodos de seis meses renovables indefinidamente.

Por otro lado, el Ejército israelí bloquea desde el miércoles la pequeña ciudad cisjordana de Qabatiya, de 15.000 habitantes, donde vivían los palestinos que mataron a una guardia fronteriza israelí en Jerusalén e hirieron a su compañera antes de ser abatidos. En la operación, los soldados detuvieron a al menos diez personas cercanas o que conocían a los tres jóvenes de 19 y 20 años autores del ataque y tomaron las medidas de la casa de los atacantes, el paso previo a su demolición de castigo.

También hubo enfrentamientos entre las fuerzas israelíes y habitantes de esta localidad, que vivió disturbios durante la primera y segunda intifadas.

En medio de este clima, un tribunal de Jerusalén condenó ayer a cadena perpetua y a 21 años de cárcel a dos jóvenes por participar en 2014 en el linchamiento del adolescente palestino Mohamed Abu Jdeir, al que quemaron vivo.