La secuela que más se ha hecho esperar
Nada menos que quince años ha tardado en llegar la continuación de “Zoolander” (2001), debido a que aquella comedia no fue un éxito de taquilla, aunque luego fue remontando en el mercado doméstico hasta convertirse en una película de culto. Por otro lado tampoco parecía fácil idear una segunda parte, puesto que lo más gracioso de la primera residía en el origen del famoso modelo del cambio de milenio, perteneciente a un clan familiar de mineros cuyo patriarca era el duro Jon Voight, quien renegaba de la profesión de su para él amanerado y exhibicionista hijo.
El argumento de “Zoolander Nº 2” sigue la lógica coyuntural, y con lo rápido que va el muno de la moda nuestro divo de las pasarelas y del posado fotográfico ya ha pasado al olvido. Su ocasional regreso al modelaje llega propiciado por una operación policial en la que Ben Stiller se ha de infiltrar junto a su colega Owen Wilson, y a tal fin viajarán a París y a Milán para descubrir a un asesino de celebridades entre desfile y desfile. La pareja se coló en tales eventos como si de un espontáneo documental se tratara, haciendo también anuncios para la marca automovilística Fiat.

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