Antonio ÁLVAREZ-SOLÍS
Periodista

El cuidado de la herencia

El otro día me hundí en la perplejidad que me suscitó el momento en que el Sr. Rajoy negaba la mano a la que en saludo le tendía el Sr. Sánchez, aspirante a la presidencia del gobierno. Soy rojo o como tal me consideran, con acierto, los cómitres del poder dominante, pero siempre tengo presente el discurso de Lenin al llegar a Moscú desde San Petersburgo. En ese discurso, llamado del Estribo por ser pronunciado en la escalerilla del vagón del que bajaba el nuevo dirigente, Lenin exigía a los comunistas el respeto a todas las cosas nobles producidas por la sociedad que quería cambiar. Hablo del Lenin al que se refieren con rústico desdén los conductores del Sistema que tantas cosas respetables destruyen.

Me pareció nauseabundo el gesto del desnortado presidente en funciones. Creo como objeto de fe en todas aquellas cosas que suavizan la existencia: la cortesía del saludo, la belleza de las formas animadas o inanimadas, el respeto a lo que queda como herencia admirable. Ese respeto a todo lo que trata de ennoblecer engrandece las revoluciones. Un revolucionario ha de caracterizarse, creo yo, por buscar la igualdad en el disfrute de los mejores momentos de la humanidad, como es la cortesía, aunque sea en un gesto puramente formal. Debo ser un leninista fuera de curso.