ABIAN, REACTIVACIÓN DESDE LAS BASES
Las bases de la izquierda abertzale ven muchos elementos positivos en la estrategia abierta con «Zutik Euskal Herria», pero demandan más horizontalidad y participación en la toma de decisiones. El proceso Abian tiene también algo de estriptis colectivo.

Hablando de transparencia, ¿quieren saber lo que opinan las bases de la izquierda abertzale de la estrategia seguida hasta ahora, del papel de Sortu, de las prácticas de LAB o de si Ernai sufre «nostalgia del pasado» en lugar de «mirar hacia adelante»? Pues no tienen más que ir a la web ezkerabertzalea.info y descargarse el “Anexo D”, en el que se recoge un compendio de las 700 aportaciones recogidas por el grupo promotor del proceso Abian.
Hay de todo, pero lo más llamativo es que hay, y que además la izquierda abertzale ha tomado la determinación de hacerlo público, sin el pudor que siempre ha dado a toda organización desnudarse (siquiera en un striptis parcial) a la vista de quien quiera mirar. Ahora que tanto se habla de la nueva política y cuando muchos de sus propios militantes ven a la izquierda abertzale encorsetada en los viejos modos, abrir el debate a los ojos de todo el mundo es un avance del que pocos partidos o movimientos pueden presumir todavía a día de hoy.
Por eso mismo, cabe suponer, una de las aportaciones señala que «el proceso Abian, la metodología para el debate y su carácter participativo son cosas que deben considerarse como un logro». Porque, claro, cuando alguien te deja una rendija abierta para que mires en su interior, la naturaleza humana lleva a tratar de escudriñar en los defectos, pero entre las aportaciones recogidas en este “Anexo D” también existen importantes aspectos positivos.
El principal –que tampoco cierra la puerta a la autocrítica– es que entre las aportaciones se repite la idea de que «poner en marcha el proceso (‘‘Zutik Euskal Herria’’) fue un acierto, ya que sirvió para salir del aislamiento político en que estábamos. Y también para reactivar a la sociedad. ‘Zutik Euskal Herria’ ha sido una readecuación estratégica fructífera. Sirvió para alejarnos del camino que nos llevaba al precipicio».
Se señala al mismo tiempo que ese cambio de rumbo consiste también en «saber construir mayorías, y se han dado pasos en esa dirección. La Carta Social no habría sido posible hace seis años, y Gure Esku Dago tampoco. Hemos creado nuevas condiciones para construir puentes y mayorías. No para hacer sumas, sino para crear nuevos ejes».
Unilateralidad y bloqueo
Entre las aportaciones recogidas se aprecia que la unilateralidad «se ve como un procedimiento adecuado para romper el bloqueo y avanzar en el proyecto. La interiorización de ese valor por parte de la militancia y de diferentes sectores sociales se valora como un logro». Pero casi a renglón seguido se admite que «no hemos entendido bien la unilateralidad. Hemos dado pasos esperando una respuesta, lo cual ha puesto en cuestión la idea de la unilateralidad, llegando incluso en algunas ocasiones a no entenderla. Por otra parte, no hemos trasladado esa filosofía a otros ámbitos no relacionados con las consecuencias del conflicto».
Y el bloqueo que se ha producido en la cuestión de la resolución de las causas del conflicto «ha generado una frustración enorme. El bloqueo condiciona toda la actividad política de la izquierda abertzale. En muchas aportaciones se dice que será difícil avanzar si no conseguimos algo en ese terreno. En otras aportaciones se apunta la necesidad de redefinir ese ámbito».
Hay quien sostiene que «el único camino que nos han abierto ha sido el de las víctimas, y en ese terreno nos hemos enredado más de una vez. Tenemos que corregir esa postura». Pero hay también quien resalta que «con el nuevo proceso está entrando menos gente en la cárcel y el número de presas y presos está disminuyendo».
izquierda, instituciones y calle
Según el documento hecho público, «una idea que se repite mucho está relacionada con el aspecto social. Aparece en casi todas las aportaciones. Estamos en crisis, y no hemos sabido dibujar correctamente esa realidad y sus consecuencias. También hemos tenido dificultades a la hora de plantear soluciones. La respuesta correcta a la pregunta de ‘dónde estamos’ debería ser que estamos en una situación de crisis social y económica». Alguna aportación añade que a la izquierda abertzale le está costando encontrar su espacio en el ámbito de la izquierda en un mundo globalizado.
Se puede leer que «nos hemos centrado demasiado en la independencia y tenemos que recuperar los valores y la práctica política de izquierda». Pero al mismo tiempo se le da una vuelta a esto y se recoge que «hay que llenar de contenido la reivindicación de la independencia. No puede ser tratada como una mera reivindicación o como una ‘religión’, sino como instrumento para responder a los problemas sociales».
Otra línea de autocrítica es la que, con diferentes redacciones, viene a decir que la izquierda abertzale se ha centrado demasiado en la labor institucional, dejando a un lado el trabajo de calle. Sin embargo, también hay aportaciones que apuntan a que «aunque a veces no se nos ha entendido bien, a nivel institucional la izquierda abertzale ha trabajado por la transformación social».
Con una pierna en cada una de las reflexiones anteriores está la idea de que «tener el liderazgo electoral no conlleva tener la hegemonía. Se ha puesto mucha fuerza en la práctica electoral y poca atención en los movimientos populares. Sin pueblo no habrá hegemonía».
Construir desde lo local
La necesidad de volver a las bases, de construir desde lo local, aparece en muchas de las aportaciones que se recogen en este “Anexo D”, tanto para criticar la verticalidad en la que ha incurrido Sortu como a la hora de ampliar espacios, bien sea en la configuración de EH Bildu o en abrir el movimiento hacia la sociedad. Hay quien señala que todavía «arrastramos la carga de la situación de los años anteriores». La escasez de debate en las bases «ha provocado falta de adhesión e identificación». Se habla incluso de que «ha generado desconfianza».
Por lo que puede leerse, una de las mayores consecuencias a las que ha dado lugar todas las carencias que se han detectado en las setecientas aportaciones recibidas es «la falta de ilusión» entre las bases de la izquierda abertzale. Por ello, uno de las conclusiones a las que se llega consiste en que «es indispensable reactivar a la izquierda abertzale». Para ello aparecen propuestas como las de retomar el carácter de movimiento, ir más allá de Sortu, LAB y Ernai, y siempre atendiendo a lo que se escucha a pie de calle.
Y puede que, como se recogía en una aportación antes señalada, el propio proceso Abian esté sirviendo para dar ese paso adelante. De hecho, la aportación 11 en la página 2 lo tiene claro: «Nos hemos vuelto a activar. La izquierda abertzale está en marcha».
ha cambiado la sociedad y también la forma de militar
Las bases de la izquierda abertzale señalan en estas aportaciones que observan que la sociedad ha cambiado mucho en los últimos años y que el concepto tradicional de militancia debe adaptarse a la nueva situación.
Por lo que supone de ruptura con los esquemas tradicionales, valga el ejemplo de quien dice que «el modelo de militancia de 24 horas se ha terminado. Los valores de la sociedad actual no se corresponden con los valores históricos de la izquierda abertzale. La represión y la ilegalización han influido mucho en eso. Tenemos que garantizar una militancia de calidad». A lo que se añade que «nos está costando mucho dejar de ser un gueto o superar la tendencia a la endogamia y saber conectar con personas que no son de las ‘nuestras’».
El documento recoge que se repiten las aportaciones que apuntan a que «la sociedad cambia mucho en poco tiempo. Ese proceso se ha acelerado en las últimas décadas. Nos hallamos ante nuevos espacios sociales y tenemos que saber interpretar bien lo que eso significa». Además se señala que «se han producido cambios políticos, económicos y culturales profundos, y eso también ha supuesto un cambio en la participación sociopolítica». Y hay quien observa que «se ha dado un cambio en las identidades políticas», por lo que «habría una necesidad de debatir sobre el abertzalismo».
Se percibe también preocupación por la «ruptura evidente entre la gente mayor y la juventud. Podríamos hallarnos ante una nueva cultura política y una especie de cambio de paradigma».
Así que se entiende que adaptarse a estos cambios será una de las labores fundamentales de las organizaciones de la izquierda abertzale en los próximos años, a través de esta reflexión conjunta del proceso Abian.I.I.

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