Mikel INSAUSTI
¡AVE, CÉSAR!

Los Coen nos llevan de visita a los estudios del Hollywood dorado

Solo los hermanos Coen pueden reunir un reparto multiestelar comparable al de aquellos lujosos elencos del Hollywood de la época dorada, recuperando el viejo y añorado glamour de la meca del cine con una modesta producción de poco más de veinte millones de dólares, que ya han sido recuperados en la taquilla estadounidense. La clave la tiene una vez más la popularidad de George Clooney como actor principal, que colabora por tercera vez con los Coen completando, lo que ellos llaman, la trilogía estúpida, iniciada con “Oh, Brother!” (2000) y continuada por “Crueldad intolerable” (2004). Quiere esto decir que el tono imperante es el de la comedia nostálgica, si bien en cuanto homenaje a los grandes estudios “¡Ave, César!” es un producto multigenérico, narrado en clave estética y argumental de cine negro.

La fórmula del cine dentro del cine se presta más que nunca a la fantasía histórica, porque la acción se sitúa en 1951, abriendo un periodo de cambio con la televisión como nueva competidora, lo que provocó la reacción de la industria de Hollywood volcándose en el cine de género en su versión más espectacular. Y es ahí donde entra la trama del secuestro de una estrella que está rodando una gran superproducción de romanos, narrada al estilo de las adaptaciones de novelas detectivescas.

Si George Clooney tiene el perfil del galán de posguerra al que las faldas romanas le conferían un aire burlesco, qué no decir de Josh Brolin como investigador, en este caso pagado por el estudio de turno. Dicha compañía cinematografíca responde en la ficción al nombre de Capitol Pictures, pero en la realidad debería tratarse de los estudios Warner, porque son los que mejor se conservan y los que han facilitado en mayor medida la recreación de aquella parte de la ciudad angelina, donde Scarlett Johansson se mueve en el agua como la mismísima Esther Williams de los ballets acuáticos.