Agustín GOIKOETXEA
ARRANCA CORRESCALES 2016

RAUDALES DE SOLIDARIDAD Y COMPLICIDAD PARTEN DE BILBO CONTRA LA PRECARIEDAD

CORRESCALES ESTÁ EN MARCHA TRAS MESES DE PREPARACIÓN, CON EL OBJETIVO DE TEJER COMPLICIDADES, LUCHAS Y SOBRE TODO, MUCHA SOLIDARIDAD ENTRE QUIENES SE REBELAN CONTRA LA PRECARIEDAD EN SU DISCURRIR DESDE BILBO A BARCELONA. CIENTOS DE PERSONAS ESTUVIERON EN SU ARRANQUE, DONDE LA MAREA AZUL FUE PROTAGONISTA.

Entre quienes se dieron cita en Bilbo, muchos de los trabajadores que lucharon por que Movistar y sus contratas les reconocieran como lo que eran. Fueron ellos los encargados de abrir la carrera entre gritos de «Correscale aurrera», «aquí está la Marea Azul», «borroka da bide bakarra» y «la fuerza del obrero, la solidaridad».

Alex Palanco, que fue autónomo y ahora se encuentra en la plantilla de Comfica, explicaba antes de echar andar Correscales que estaban allí para «devolver la solidaridad que las había brindado la sociedad durante su huelga». Además, no pasaba por alto que pretenden «tender puentes entre diferentes» para acabar con la precariedad que viven miles de trabajadores. Otro objetivo es recaudar fondos para cubrir la deuda de la caja de resistencia y con el resto, constituir otra «para futuras luchas» como la suya.

Pero no todo era técnicos instaladores, también fue destacada la presencia de trabajadoras del hogar. Lorea Ureta manifestaba que estaba allí para luchar contra la precariedad que conocen de primera mano. «Nosotras superamos las 60 horas semanales, podemos hablar del 78% de nosotras, cuando la legislación fija las 40 para el resto, según el Estatuto de los Trabajadores». «Las internas –denunciaba a pie de escenario antes de enfundarse la camiseta azul de Correscales– sufren un régimen de semiesclavitud y lo sangrante es que la Inspección de Trabajo no actúa contra las agencias de colocación».

Ureta exigió que Lanbide sea una «verdadera oficina de colocación» para acabar con las ilegalidades que cometen esas agencias «con el beneplácito del Gobierno vasco». Sarai Arte, otra trabajadora de hogar, incidía en que desde su asociación luchan por todos los casos de manera individual, por las propias características de su empleo. «Nosotras conocemos la precariedad en primera persona», apostillaba.

Despliegue policial

No había mejor escenario para dar inicio a Correscales que delante de la tienda Movistar en la calle Buenos Aires, lugar donde los trabajadores autónomos que entre abril y junio de 2015 mantuvieron una huelga de 75 días protagonizaron algunas de sus llamativas acciones de protesta. No faltaron a la cita, como tampoco un importante despliegue de la Ertzaintza en torno al establecimiento. A la izquierda del escenario, se situaron con seis escaleras en vertical con las camisetas azules colgadas mientras se proyectó un video de lo que ha supuesto hasta el momento en Euskal Herria este proyecto colectivo de ayuda mutua contra la precarización social y laboral, así como la lucha por una vida justa y digna.

Los sones de la txalaparta dieron paso a los bertsos de Arkaitz Estiballes, a los que siguió un resumen de aquella huelga indefinida, que para sus protagonistas fue un ejemplo de «resistencia y aprendizaje colectivo». A partir de ahí, se escenificó la comunión que se ha trenzado entre diferentes agentes y personas en el combate contra la acumulación de riqueza en manos de unos pocos y la precarización del resto.

Allí estuvieron técnicas y técnicos instaladores que conformaron en Bilbo y Barcelona la asamblea de contratas, subcontratas y falsos autónomos que se enfrentaron a la multinacional de las telecomunicaciones en lo que se configuró como la Marea Azul, pero también representantes sindicales, de plataformas contra la exclusión, jóvenes, feministas, formaciones políticas, ecologistas, trabajadoras del hogar e internacionalistas, que se vistieron uno tras otro la camiseta de Correscales.

Diversidad de sectores

Se reivindicó el papel de las fuerzas sindicales como «herramientas de lucha fundamentales en la defensa de la dignidad frente a la precariedad laboral»; la autoorganización de las asambleas de parados; la de las trabajadoras del hogar, que se enfrentan en «demasiadas ocasiones» a situaciones de explotación que «rozan el esclavismo»; la lucha del ecologismo contra Lemoiz, centrada ahora en frenar el TAV y cerrar Garoña; las mujeres migrantes que luchan organizadamente contra la doble discriminación por ser mujeres y migrantes; o el movimiento por la ocupación, «que prioriza las personas sobre las leyes injustas, lo colectivo frente a la propiedad privada».

Tras escenificar la involucración en Correscales de hasta quince sectores, con su diversidad, se dio lectura al mensaje que viajará en el testigo durante el trayecto de 800 kilómetros «de dignidad contra la precariedad» hasta su llegada el 22 de febrero a Barcelona. En él dejaron claro cuál es el «objetivo común» que les hace encontrarse de nuevo en las calles: «contra la precariedad laboral, contra la precariedad de la vida, contra el capitalismo, contra este sistema que nos deja sin salida».

No ven otra salida que no cejar en el empeño estudiantes como Adrián López, quien manifestaba que «no hay otro camino que la lucha contra la precariedad»

«Queremos vivir en una sociedad donde no nos obliguen a consumir hasta ser consumidas, donde podamos desarrollar nuestros proyectos de vida libremente, donde no tengamos que mendigar salarios de miseria, donde se valore más la solidaridad que el individualismo, donde no se admitan chantajes», manifestaron en catalán, castellano y euskara.

En las últimas líneas del mensaje, destacaron que son muchos más que los que conformaron la primera la Marea Azul. «Todas las que somos nos encontraremos en el camino –dijeron confiadas–, en las calles, en los pueblos y en los barrios, para luchar por una sociedad más justa».

Entre el sonido de la txalaparta y el reflejo de las antorchas, los técnicos de Marea Azul, rodeados por las escaleras que les sirven de herramienta de trabajo, dieron los primeros pasos testigo en mano. Correscales arrancó y no parará hasta el 22 de febrero.

Ayer, en los primeros kilómetros por la Gran Vía bilbaina y posteriormente el Casco Viejo camino de Basauri, su testigo pasó de las manos de representantes sindicales, al movimiento feminista, mujeres del mundo, plataformas contra la exclusión, asambleas de parados, jóvenes, ecologistas, formaciones políticas, internacionalistas, opositores al TTIP y okupas, entre otros.