Gran Canaria dignifica el título del Real Madrid

GRAN CANARIA 81
REAL MADRID 85
Escribía un «ilustrado» de un diario deportivo madrileño algo tal que «el campeón saldrá del vencedor de la semifinal entre Real Madrid y Laboral Kutxa Baskonia». Así, alegremente. Y en rigor, acertó. Quizá cuando faltaban dos minutos, con 70-82, esbozara una sonrisa ese amanuense y gente de su ralea.
Solo una sonrisa, porque el Herbalife Gran Canaria, en su primera final de Copa, dignificó su presencia y el propio entorchado merengue, con un final apoteósico. Un parcial de 11-1 liderado por la presión de Aíto García Reneses, un Oliver merecedor de un MVP que fue a parar para Ayón y un Xavi Rabaseda firme en los triples.
El Real Madrid firmaba el threepeat, siendo el primer equipo de la era ACB en encadenar tres entorchados coperos. Salvo por el susto final, cerrado por dos tiros libres de Sergio Rodríguez, los de Laso dominaron la final, sin duda, pero Gran Canaria, pese a ciertos bajones que le costaron caro, puso un nudo en la garganta merengue, y eso dignificó el torneo más bonito de los últimos años, así como el triunfo madridista.
Veteranos y «rebotados»
Del 4-3 se pasaba al 4-13, en una sucesión de jugadas en las que pareció que los de Aíto García Reneses –Newley o Pangos, por ejemplo– no terminaban de creerse que estaban en una final y para disputarla. Veteranos como Reyes, Carrol o Maciulis, en cambio, se sabían al dedillo a qué habían venido, y la escuadra merengue quiso dar un buen golpe con el que dejar noqueado a un Gran Canaria frío.
Debieron ser los «rebotados» Rabaseda y Aguilar, amén de un Albert Oliver en su octava juventud, los que metieran a los «pío, pío» en vereda. Y de paso, encender a un Coliseum que, aunque en su mayoría iba contra el Real Madrid, no tenía claro si habría final o no.
Todo un Savané, curtido en mil batallas, desperdició la opción de adelantarse de los grancanarios, después de que remaran hasta colocarse 24-26, y una dudosa antideportiva de Nocioni. El fallo del «Taph» lo aprovechaba el Real Madrid –con Doncic en pista, batiendo así el récord de precocidad en una final copera– para irse con un parcial de 2-10. En esos minutos, la dirección de Sergio Rodríguez y el poder interior de Lima desarbolaban a su rival.
Con el 26-36 en el marcador, los de Aíto recordaron su destino en esta Copa, que no es otra cosa que remontar y remontar. Así lo hicieron, de forma que un enojado Eulis Báez –protestó airado una posible falta, y en venganza casi culmina el mate del año, aunque se pasó de frenada– culminaba el acercamiento amarillo al borde del descanso con un triplazo, tercero seguido del Gran Canaria, que cerraba el cuarto con 38-40.
Un desánimo prolongado
La racha del Gran Canaria se prolongó hasta ponerse por delante: 43-40 y 48-45, gracias a un triple de Alberto Oliver.
Sin embargo, el Real Madrid no estaba dispuesto a dejarse sorprender. Llull no tenía acierto, pero Pablo Laso acertó al dar entrada a Carroll y a KC Rivers. El primero volteó el luminoso con un «tres más uno», mientras que el segundo alternaba aciertos en el tiro con aciertos en defensa, como un taponazo a Newley o varios robos. Por su parte, Ayón y Reyes ejercían el trabajo de hormiguita para volver a disparar al Real Madrid. Solo un triple de Pangos ponía la final en un puño en el inicio del cuarto final: 59-62.
Esos minutos que llevaron el partido al 70-82 fueron de desazón para la escuadra amarilla. Savané le echaba voluntad, pero el envite se le hacía grande. Pangos notaba su inexperiencia y un estado físico algo precario. Newley y Salin no veían aro y solo DJ Seeley lograba acompañar a Oliver en la reacción. Aíto García Reneses tardaba más de la cuenta en introducir cambios y el Real Madrid se iba 70-82, con el «Chacho» Rodríguez dirigiendo, y Rivers, Carroll, Nocioni y Ayón cumpliendo sus roles.
Hasta que Aíto ordenó jugársela a la presión y al triple. Primero fue Oliver: 73-82. Después, robo entre Oliver y Rabaseda y, tras un «tuya-mía» con Salin, triple del catalán. A 1.04 minutos, tiempo muerto de Laso.
Ayón metía un tiro libre, mientras que Oliver con una bandeja y Rabaseda de tres ponían el 81-83. «¡Sí, se puede!», grito gafe donde los haya, gritaba el Coliseum. Sergio Rodríguez tapó toda esperanza desde la línea del tiro libre, pero hasta los amanueneses bocazas se debieron rendir ante la casta de un Gran Canaria que puso en jaque el threepeat merengue.

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