Poco
Hay veces que se escogen títulos de programas que llevan implícito su fecha de caducidad. “Cuestión de tiempo”, era la reaparición de Patricia Gaztañaga nada menos que en la desgastada TVE, con un programa muy a su estilo, pero que era viejuno, vetusto, sin horizontes, fuera del tiempo. Ha durado dos semanas. Se lo han cargado porque daba unos resultados de audiencia pésimos. Muy poco tiempo, muy poca paciencia, pero a la vez muy poco contenido, muy poca visión del momento en el que vive la sociedad consumidora de ese tipo de televisión a la tarde.
Estas aventuras tan esporádicas, estos programas tan aparentemente improvisados, con una producción limitada y unos contenidos realmente incomprensibles, van fracasando de manera constante en la primera estatal. Es como si estos dirigentes tan obcecados con cambiar la realidad política quisieran inventarse una clientela que ya no tienen. Si mirasen a la competencia se darían cuenta del momento en el que se vive, de las ofertas que a esas horas interesan, y una alternativa que es más de lo mismo pero con cajitas es imposible que cuaje. No hay problema, seguirá Gaztañaga con alguna castaña en ETB para que no se deprima.
Si lo que vivimos es algo semejante a una transición, cosa que se puede poner en duda ya que se asemeja más a una catarsis judicial, como observa Fernández Díaz, quien asegura, con conocimiento de porra, que no es casualidad que cada telediario de TVE deba camuflar una detención o un escándalo, la verdad es que debe producir en algunas cadenas una puesta al día en contenidos, en formatos, en conductores, guionistas y demás entramado. Algunas series aguantan por los pelos, pero los otros programas o son franquicias globales o no se sostienen debido a su cortedad de miras. Y las audiencias están muy fragmentadas.

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