A. PRADILLA

Un relato que no es tan fácil vender

El acuerdo entre PSOE y Ciudadanos está hecho pensando en el PP, pero buscando que Podemos lo rechace y poder culparle del fracaso. Uno podría pensar que este juego a dos bandas resulta incoherente, pero todo es posible viniendo de los partidos mágicos que todavía creen que podrán multiplicar sus 130 escaños como los panes y los peces de la Biblia. Hasta ahora parecía que el malabarismo dialéctico en el que todos se habían entrampado podía mantenerse hasta el momento de la concreción. Es decir, cuando lo afirmado en público de cara a la galería no se sostuviese con papeles y llegase el momento de las decisiones. Pues tampoco. La maratoniana jornada de ayer nos demostró que es posible decir una cosa y la contraria y no pestañear.

Reconozco que yo daba por hecho que la estrategia del PSOE era llegar a acuerdos con Ciudadanos y amenazar a Podemos con que no abstenerse le llevaría al abismo de ser el intransigente que no permite «el cambio». Daba igual que fuese evidente que en Ferraz no querían tocar a Pablo Iglesias y a los suyos ni con un palo. Cuando llegase el momento de las votaciones, la maquinaria les convertiría en la versión renovada de Julio Anguita y su «pinza» con el PP. Para eso, solo era necesario presentar un acuerdo razonable. Después de que se haya hecho público el documento, habrá que ver cómo sostiene Ferraz una versión que no aguanta una rueda de prensa sin rectificaciones.

Mucho tienen que confiar en el PSOE en sus propagandistas, porque lo que dice y lo que aparece en los textos no es lo mismo. ¿Busca Sánchez una segunda vuelta con la presión de la calle sobre Podemos? ¿Espera que el hastío les lleve a firmar en abril lo que no aceptaron en marzo? ¿Confía en que el PP siga enfangándose y surja un líder que esté dispuesto a permitirle liderar la «gran coalición reformista»? El maquiavélico Ferraz es impredecible. Quizás lo que deberían temer los españoles es que en manos de este juego de trileros está la esperanza del cambio en el Estado.