Dimisión
Rita Barberá no dimite. Sigue siendo un espectáculo fallero, una degradación de la democracia y una de las imágenes más demoledoras del partido bandolero. La negación de las acusaciones se dan como eximentes, como cosas probadas y es casi una manera posmoderna de confesión. En ese ambiente, hay una dimisión: la del director de TVE, José Ramón Díez. Una dimisión «por motivos personales» que es lo que siempre se aduce para no mentar a la madre de alguien o complicarse la liquidación de sus salarios. Una dimisión admitida inmediatamente, es decir algo que se esperaba o se reclamaba o de no producirse se iba a convertir en un cese.
Un caso más que añadir a la olla podrida del ente. En tiempos de gobierno en funciones. No se sabe si habrá repuesto, si alguno de los enchufados por la actual cúpula de topos peperos asumirá el cargo o se dejará que pase un tiempo por si acaso hay investidura fantasma, aunque a día de hoy, la jugada mediática de los dos guapos parece un cucurucho lleno de espantasuegras, confeti y un poquito de gloria mediática. Se han pasado el día rectificando, el famoso copiar y pegar, el hacer un documento sin fondo, sin sentido, simplemente para cubrir un expediente. Sánchez y Rivera son dos pósters, dos ambiciones morenas, que están entreteniendo al personal en estos días que son de cuaresma.
La verdad sea dicha, todos andan descolocados y nos descolocan. No tienen los números para llegar a la investidura, no tiene programa ninguno, pero en este spot de ventas se quieren dar aires de estadistas. De tal manera que todo es posible, hasta que se recurra al Constitucional la fecha de la segunda vuelta de las votaciones, lo que es el despiporre absoluto. Todo huele a provisional, a ignorancia y a marear la perdiz. Hay una dimisión de un civil, nunca de un político.
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