«El flamenco ha entrado en las universidades y no hay marcha atrás»
El flamenco es un arte vivo y en constante renovación y en él hay una nueva generación de artistas, a la que pertenece Rocío Márquez, que están descubriendo nuevos recovecos. Rocío pisa sin titubeos, dándole a todo lo que toca ese punto de frescura y sinceridad. A Rocío le brotan las palabras, reflexionando sobre conceptos no manidos y que pueden ser la antesala de lo que nos queda por venir. Ella nos visita en Euskal Herria. Hoy en Barakaldo y mañana en Gasteiz.

Acaba de hacer una versión por Guajiras del tema del gaditano Martínez Ares sobre la muerte del militante andalucista García Caparrós por pedir en una manifestación la autonomía para Andalucía.
Lo curioso es cómo todo esto lo tienen silenciado. Yo me enteré de este trágico suceso a través de esta letra de la comparsa gaditana Los Piratas. Y no porque nos lo enseñaron en la escuela. Fue a partir de aquí cuando cambiaron el día de Andalucía del 4 de diciembre al 28 de febrero para así borrar de la historia tal horrible crimen. La denuncia social a través de los que hacemos arte puede ser un instrumento muy útil, por ello meto en mi repertorio algún cante con trasfondo social.
¿En qué consiste para usted la renovación del flamenco?
El flamenco hay que dejarlo vivo, libre. Hay que tener mucho cuidado de no dejar un legado estanco, casi museístico. Hay muchas líneas de trabajo, pero que ello surja como una necesidad real, sin imposiciones. Que haya un abanico amplio nos enriquece a todos.
¿Cree que el haber estudiado música resta algo a la hora de interpretar flamenco?
Personalmente yo estoy muy contenta con haber estudiado la carrera. No creo que haya un patrón solo, ya que si fuera así estaríamos cerrando al flamenco a una sola forma y hay muchas maneras de afrontarlo. Lo que no podemos ser es personas alejadas de nuestros vínculos. Yo no puedo dar algo que no tengo. No hay que tener complejos a la hora de exponer lo que somos. Y es que el flamenco ha entrado en las universidades y no hay marcha atrás. Yo me considero parte activa de ello y me encanta. Creo que esto puede conectar muy bien con gente de mi generación en pro del flamenco.
¿Qué aportan al flamenco estructuras musicales que son ajenas a él?
Todo. El flamenco es una mezcolanza principalmente de cuatro culturas que han convivido en la Baja Andalucía: árabe, judía, cristiana y gitana. Por ello quien diga que aquí hay una sola verdad es un gravísimo error. Sin todo esto el flamenco no sería lo que es.
Su último trabajo, «El Niño», está inspirado en el cantaor Marchena. ¿Qué representa para usted este cantaor? ¿Cuál fue su estética y su ética?
Marchena para mí es la libertad. El equilibrio con el que tan bien sabía convivir entre lo clásico y algo más abierto y apartado de modas del momento.
¿Pesa la losa de la tradición en el flamenco?
<p >Mucho, pero creo que es algo que debe de estar presente. Aunque yo lo he vivido como una etapa. En cada momento es legítimo defender la tradición, para después volar y encontrar tu estilo. Aunque por defenderlo no debes de quedarte ahí toda la vida y asfixiarte.
Niño de Elche, Raúl Refree, Pedro G. Romero, Raúl Cantizano, etc… son artistas con los que ha contado, artistas que están en la vanguardia del flamenco. ¿Le gusta darle esa dimensión innovadora a su trabajo?:
Sí, pero yo no lo veo como algo separado. Consiste en fluir. Yo necesito ir más allá con mi trabajo, si no me asfixio, aunque me sentiría muy perdida si no tuviese ese anclaje con lo clásico. Yo empecé cantando en peñas, concursos y ese es un espacio muy inmovilista, llegó un momento que necesitaba descubrir otras maneras. Aunque no veo por qué tiene que ir separado una forma de otra y en mi disco creo que hemos conseguido eso.
En los cantes de ida y vuelta hay uno por Colombianas y que a la vez está inspirado en el Zortziko, una de las músicas populares vascas. Además lo añade en su disco, ¿verdad?
Fíjate como es la cosa. Marchena escuchó el Zortziko al grupo Los tres bilbaínos y cómo de ahí se inspiró para su Colombiana. Esa es la riqueza del flamenco. Tenemos hasta música del pueblo vasco [risas].
¿Qúe conoce de la música vasca?
Me encanta el sonido de la txalaparta, los bertsolaris que me recuerdan al maestro Paco Toronjo. Mikel Laboa lo he descubierto hace muy poco y me fascina. Y cómo no, conozco al guitarrista barroco Enrike Solinis Azpiazu, con el cual estamos tanteando futuros proyectos.
¿Nos podría contar si tiene más proyectos entre manos?
Estamos preparando espectáculos para la Bienal de Holanda y la Bienal de Sevilla y lo que te decía con Enrike Solinis.
¿Qué nos vamos a encontrar en estas próximas citas, tanto en Barakaldo como en Gasteiz?
Vamos a hacer algo variado, aunque va a ser un formato más o menos clásico, nos encontraremos algo más rítmico y también algo más íntimo acompañado por la guitarra del gran Miguel Ángel Cortés y las palmas y coros de los Mellis. Un repertorio para todos los gustos haciendo un repaso por los palos del flamenco.

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